Hay tipos celulares que se renuevan con bastante facilidad. Y menos mal. Si las células de la piel o las del hígado no se renovasen, estaríamos perdidos ante la amenaza de agentes dañinos externos e internos. Sin embargo, otros órganos no se regeneran tan fácilmente. Las células del cerebro, por ejemplo, son un buen ejemplo. Por eso, cuando se produce un ictus, los efectos a veces pueden ser muy dañinos e irreversibles.
Además, el problema no reside solo en la capacidad de las células cerebrales para renovarse. También se basa en que, cuando se produce un ictus, la zona afectada se convierte en un entorno muy hostil para cualquier célula que quiera repoblarla. Por eso, los estudios que se han llevado a cabo hasta ahora con células madre han dado resultados muy poco prometedores.
En cambio, unos científicos del Instituto Sanford Burnham Prebys de Descubrimiento Médico y de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Singapur han dado con una serie de trucos para lograr usar las células madre de una forma mucho más provechosa en un cerebro que ha sufrido un ictus. Han realizado sus experimentos con células humanas cultivadas, pero solo en ratones vivos. No se puede saber al cien por cien si sus resultados serían extrapolables a pacientes humanos. Sin embargo, es el mayor paso adelante que se ha dado hasta el momento en esta área de investigación. Hay motivos para la esperanza.
¿Qué ocurre en el cerebro después de un ictus?
Un ictus es una afección que se produce cuando el flujo de sangre se ve interrumpido o muy reducido en un área del cerebro, de modo que los nutrientes y el oxígeno no pueden llegar hasta ella. Como consecuencia, las células cerebrales mueren, dando lugar a síntomas cuya gravedad depende de factores como el área cerebral afectada o la edad y el resto de patologías del paciente.
Una vez que se soluciona la crisis provocada por el ictus y se detiene su avance, la zona afectada queda llena de moléculas inflamatorias que ponen en riesgo a cualquier célula que intente proliferar ahí. Además, a su alrededor de se genera una cicatriz que protege el cerebro de más daños, pero también se convierte en una barrera contra la regeneración. Todo son problemas. Se ha logrado convertir células madre, capaces de diferenciarse en multitud de tipos celulares, en neuronas. Sin embargo, en cuanto se intenta que estas pueblen la zona afectada por el ictus, no aparecen más que inconvenientes.
Finalmente, los científicos suelen encontrarse un reto añadido, ya que obtienen neuronas, sí, pero no se sabe si se conectarán como es debido. Como ejemplifican los autores de este último estudio en un comunicado, se reconstruyen puentes que han sido demolidos, ¿pero se trata de puentes a ninguna parte? Eso es lo más difícil de solucionar.

¿Qué han hecho estos científicos?
Tras probar distintos cócteles moleculares, estos científicos encontraron una mezcla de moléculas pequeñas y proteínas estructurales que, en combinación con las células madre, favorecía que las nuevas neuronas poblasen la región afectada por el ictus. Solo quedaba comprender si esas neuronas podían conectarse adecuadamente, tanto entre ellas como con las células cerebrales más allá de la cicatriz.
Para comprobarlo, trasplantaron este tipo de células en cerebros dañados de ratón y las marcaron con una especie de código de barras genético que permitía identificar la expresión de distintos genes. Así, podrían ver cómo se encienden o se apagan ciertos tipos de genes después de un trasplante. Todas las células de un mismo individuo tienen los mismos genes. Sin embargo, no todos se expresan por igual, de ahí que sirva como un código de barras identificativo.
Losa hallazgos fueron muy distintos a nada que se haya logrado antes
Vieron que cada tipo celular tiene su propio código y, una vez que las células madre se convierten en neuronas, este código indica a cada célula que envíe sus axones a diferentes partes del cerebro y la médula espinal. En definitiva, en ese código está escrito hacia dónde debe extenderse el puente demolido que se acaba de reconstruir.

Por otro lado, vieron que hay proteínas que alteran la expresión génica y, por lo tanto, la forma en que se comportan las neuronas a la hora de ramificarse.
Todo estos hallazgos demuestran que no solo se pueden regenerar las células dañadas por un ictus a través de células madre. También se puede permitir que estas invadan la región del cerebro adecuada y que se conecten como lo harían normalmente. Sería la forma más exacta de llegar hasta un cerebro muy parecido al que había antes del ictus. Aunque estemos en una etapa muy preliminar, todo esto es una gran noticia.

