Cuando se dice que el perro es el mejor amigo del ser humano (basta ya de reducir al ser humano solo al hombre) no hay ningún error en la afirmación. Los perros son nuestros mejores amigos porque nos entienden como nadie. De hecho, incluso son capaces de leer nuestra mente sin necesidad de ninguna interfaz cerebro-computadora. Simplemente nos interpretan a la perfección.
Pueden interpretar nuestra voz y nuestras expresiones faciales. Incluso las hormonas y otros compuestos que desprendemos a través del sudor. Esto les ayuda a conocer cómo nos sentimos y reaccionar en consecuencia. Durante 14 años de mi vida tuve un perro que podía ser bastante arisco a veces, pero que cuando me notaba triste siempre apoyaba su cabecita en mis piernas o buscaba que lo acariciara. Ese es el fruto de una capacidad innata para leer la mente, pero también de una gran disposición a ayudarnos a través de lo que leen.
Una profesora de neurociencias y neurorrehabilitación de la Universidad de Londres South Bank, Laura Elin Pigott, acaba de publicar en The Conversation un artículo en el que aúna la información de varios estudios que demuestran este superpoder de los perros. La conclusión está clara. Son animales que han evolucionado para acompañarnos en lo bueno y en lo malo y lo hacen a la perfección. Por eso son nuestros mejores amigos.
Los perros pueden leer tu mente, interpretar tu cara y oler tus emociones
Hay numerosos estudios que revelan la capacidad de los perros para leer la mente o interpretar el estado de ánimo. Por ejemplo, se ha visto que hay partes específicas de su cerebro que se activan cuando escuchan una voz humana; pero que, adicionalmente, si esa voz indica claramente una emoción, también se activan regiones especializadas en el procesamiento de las emociones, como la amígdala.
Esto indica que si nos oyen reír, llorar o gritar de indignación lo reconocen y actúan en consecuencia. Pero eso no es todo, ya que, además de leer nuestra mente mediante el análisis de nuestra voz, también reconocen nuestras expresiones faciales.
Para empezar, reconocen las caras humanas. Como con la voz, esto se sabe por la realización de estudios con escáneres cerebrales en los que se ha visto que, cuando ven caras humanas, se activan regiones específicas de su cerebro. Pero, además, si esas caras son conocidas, se activan los sistemas emocionales y de recompensa. Les hace sentir bien y les aporta placer.
Los sistemas de recompensa, mediados normalmente por la liberación de dopamina, son los que se activan ante estímulos que son beneficiosos para nosotros. Por ejemplo, en el caso de los humanos, comer chocolate nos da placer mediante la liberación de dopamina, porque nos aporta mucha energía. El sexo también nos da placer porque nos ayuda a perpetuar la especie. Si esos hábitos que nos benefician como especie nos dan placer, querremos hacerlos más veces. Por eso hemos desarollado esos sistemas de recompensa.
En el caso de los perros, se activan sus sistemas de recompensa cuando ven caras humanas conocidas porque el vínculo suele ser beneficioso para ellos. Pero aún más para nosotros, pues son amigos fieles sin esperar nada a cambio. Se ha visto incluso que, cuando un humano se estresa, el ritmo cardíaco de su perro puede acompasarse con el suyo. Nos acompañan en lo bueno y en lo malo. Incluso se ha observado que los perros que huelen sudor de personas estresadas se ponen más nerviosos que cuando huelen el sudor de alguien tranquilo.
¿Cómo hemos llegado a un vínculo tan grande con estos animales?

Los humanos establecemos vínculos a través de la oxitocina. Es una hormona que se genera durante el parto, estableciendo el primer gran vínculo de nuestra vida: la unión a nuestras madres. Desde ahí, la oxitocina puede liberarse cuando nos enamoramos o cuando pasamos tiempo con amigos. Es, en general, es una hormona responsable del apego y, por supuesto, el apego con los perros no es una excepción.
Se ha observado que cuando un perro y su amigo humano se miran a los ojos los niveles de oxitocina en ambos se elevan. La oxitocina nos ha unido, pero inicialmente todo ocurrió gracias a la domesticación.
¿Qué tiene que ver la domesticación?
Por mucho que convivan con los humanos, los lobos, antepasados de los perros, no tienen este tipo de reacciones con sus cuidadores cuando viven en cautividad. Los perros evolucionaron a medida que se domesticaron y eso les ha llevado a tener esa necesidad de leer la mente humana para satisfacer nuestras necesidades. Igual que un bebé inconscientemente busca que lo cuidemos emitiendo olores que nos resultan adictivos, los perros saben muy bien cómo hacer que les queramos.

De hecho, en estudios con zorros domesticados, se ha visto que, aun teniendo el cerebro más pequeño que los zorros salvajes, la cantidad de materia gris es mayor en zonas asociadas a la emoción y la recompensa. Por lo tanto, su cerebro está configurado para reforzar los vínculos con los humanos.
Cualquiera que alguna vez se plantee abandonar un perro debería pensar en todo esto antes. Porque está abandonado a un ser vivo que lo único que quiere y necesita en el mundo es complacerle. Ya que no son capaces de pensar en otros, al menos deberían repensarlo por puro egoísmo.