Si te gustó ‘La Mesías’, esta es la película que debes ver

Si te gustó ‘La Mesías’, esta es la película que debes ver

La Mesías se estrenó en 2023 y sorprendió, escandalizó y dejó una larga sombra de preguntas. En especial, por la forma en que la producción a cargo de Los Javis, exploró en los lugares más tenebrosos de la fe. Ahora, El testamento de Ann Lee, la nueva película de Amanda Seyfried, explora los mismos puntos, pero desde una óptica mucho más profunda. También, más ambiciosa, poniendo el acento en un oscuro suceso histórico que todavía causa desconcierto. Lo que ocurría en la misteriosa secta los Shakers, conocida también como Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo.

Este movimiento cristiano utópico, fundado en el siglo XVIII, no solo causó sorpresa en su época de apogeo. En particular, por ser conocida por su vida comunal, pacifismo, igualdad de género y estricto celibato. También, se le consideró un movimiento de ruptura que desconcertó por el importante papel de las mujeres en toda su doctrina. Mucho más, permitir que las mujeres ocuparan puestos de mando y se convirtieran en la representación de lo divino. Bajo esa premisa, la directora Mona Fastvold (que también escribe el guion), transforma la historia en un retrato cinematográfico que intenta capturar la vida de la figura más famosa del grupo.

Ann Lee (Seyfried), conocida por sus seguidores como Madre Ann, no es solo el centro de la trama. Al igual que el personaje interpretado por Ana Rujas, Lola Dueñas y Carmen Machi en la producción de los Javis, Ann Lee es una profeta. O cree serlo. También, una líder espiritual, visionaria y centro emocional de una comunidad que mezcla disciplina diaria con momentos de fervor colectivo. Por lo que la directora, y de forma semejante al éxito español, enfoca toda esa energía espiritual en la música. De modo que construye la película como un musical poco convencional. Algo que brinda a El testamento de Ann Lee una rara personalidad. 

Música, fe y divinidad femenina en una cinta peculiar

Aunque la decisión parece peculiar, en realidad tiene cierta lógica. Los Shakers practicaban un tipo de culto que incluía canto y movimientos corporales repetitivos. A veces interpretados como una forma de danza religiosa. La película convierte ese elemento histórico en un recurso narrativo constante. Mucho más, en una visión exagerada, potente y dolorosa acerca de la capacidad de la fe para aterrorizar y desconcertar por su potencia. 

El resultado es que El testamento de Ann Lee es un híbrido interesante entre drama histórico y el espectáculo musical. Por lo que a ratos parece una reconstrucción de época cuidadosa y barroca. Eso, aunque el argumento no esté tan interesado en el aspecto estético como en sostener la atmósfera en la que la secta debió moverse. La cinta está llena de escenas que pretenden traducir lo divino en color, belleza y dolor físico. Todo a medida que la historia indaga en cómo Ann Lee descubrió su aparente misión divina.

No obstante, en otros momentos se siente más cercana a una visión casi alucinada del pasado. Esa combinación crea un tono peculiar que funciona como puerta de entrada al universo mental de la comunidad, que la cinta describe como exaltada. Peor también, a ratos con una pasión y devoción por la fe, que se acerca a un fanatismo total que el guion no modula. Ni disimula. Semejante combinación no siempre funciona. Pero sí consigue algo menos común: que el espectador sienta que está observando un mundo con reglas propias.

Seguidores, escépticos y una comunidad en formación

De la misma manera que La mesías, El testamento de Ann Lee recorre varias etapas de la vida de su protagonista. Empieza con sus primeros años dentro del movimiento religioso y continúa con su consolidación como figura central del grupo. Con el tiempo, la historia muestra la expansión de la comunidad, su traslado desde Inglaterra hacia América y la resistencia que encontraron en su nuevo entorno. El guion sigue un orden relativamente lineal, pero en ninguna forma sigue los clichés de la biografía cinematográfica. Antes que eso, reflexiona sobre el recuerdo y la memoria, con una habilidad que permite que la historia no sea una sucesión de situaciones, sino de escenas. 

En ese recorrido aparecen varios personajes que ayudan a construir el retrato colectivo del grupo. Mary (Thomasin McKenzie), confidente y testigo del desarrollo del movimiento, es de alguna forma una narradora más o menos confiable. Por otro lado, William Lee (Lewis Pullman), hermano de Ann y uno de sus aliados más fieles, muestra cómo el movimiento comprende a los hombres. Por lo que William atraviesa viajes, dificultades físicas y momentos de duda, pero se mantiene firme en su apoyo a la misión espiritual que comparten.

El contraste más interesante llega con Abraham (Christopher Abbott), esposo de Ann, una relación romántica destinada a la tragedia. La relación entre ambos introduce una tensión silenciosa que atraviesa gran parte de la trama. Mucho más porque esta relación se convierte en una diatriba que se convierte en batalla ideológica. El grupo tiene al celibato como principio fundamental. Para Abraham, la decisión es complicada. Por lo que, a pesar de que no se convierte en enemigo abierto del movimiento, tampoco logra integrarse completamente en la visión espiritual que su esposa defiende con tanta convicción. Algo que lo convierte en recordatorio del mundo exterior y lo que ocurre más allá de la devoción de Ann, casi enfermiza en su absoluta entrega. 

El dilema de la fe en ‘El testamento de Ann Lee’

Claro está, gran parte del peso dramático recae sobre Ann Lee, por lo que todo lo que la película es o cuenta depende íntegramente de la actriz. Por lo que Seyfried construye una protagonista compleja, capaz de alternar momentos de firme autoridad con instantes de vulnerabilidad. También, una leve inclinación hacia la locura. Ann termina por parecer al mismo tiempo inspiradora y potencialmente peligrosa. Una idea que la película convierte en el núcleo motor de su historia y de hacia dónde se dirige. Más que profeta, la protagonista es una amenaza al sistema. Y como tal se le retrata. 

De igual manera que La mesías, la cinta tiene mucho de enlazar la necesidad de creer en un bien superior con una rara visión sobre una líder desgarrada por las emociones. El resultado es un film curioso, visualmente atractivo y lo suficientemente raro como para sorprender. Pero mucho más, para contar su historia desde una óptica tan sorprendente que resulta conmovedora. 


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