Si te gustó Homeland tienes que ver esta nueva miniserie de Netflix

Si te gustó Homeland tienes que ver esta nueva miniserie de Netflix

La bestia en mí, la nueva miniserie de Netflix, comienza en apariencia por un hecho dramático. La escritora Aggie Wiggs (Claire Danes) está atrapada en un punto donde la vida dejó de avanzar. No redacta una sola línea desde el accidente que le arrebató a su hijo, y su duelo le ha hecho cortar todos los vínculos de su vida, incluida su relación con su exesposa (Natalie Morales). 

Ese espiral autodestructivo se altera cuando Nile Jarvis (Matthew Rhys), heredero privilegiado con rumores sospechosos a cuestas, compra la casa más ostentosa del vecindario. Para Wiggs, que ya veía monstruos en su propio reflejo, el recién llegado es una mina de oro dramática, un personaje perfecto para desenterrar un nuevo libro o para agravar su paranoia, lo que ocurra primero. De hecho, la serie plantea de inmediato la pregunta, si la cordura de Aggie atraviesa lugares complicados, fruto de su dura situación emocional. 

Mientras ella forcejea con la página en blanco, la trama arma lo que parece un escenario tenebroso y ambiguo a su alrededor. Nile es carismático, levemente siniestro, pero aun así, irresistible para ella. Solo que, como Aggie descubrirá pronto, más que el centro de una historia jugosa, es también una figura oscura y violenta. No obstante, para cuando compruebe esto último, la vida de la escritora se encontrará en peligro en más de una manera. Eso, aunque nadie le crea en realidad. 

Un escenario conocido para Claire Danes

Si la historia de La bestia en mí te parece conocida, hay una buena razón para eso. Gabe Rotter escribió el primer borrador del piloto en 2020. Pero el proyecto permaneció en el limbo debido a la pandemia y después a la huelga de guionistas. Eso, hasta que apareció Howard Gordon, el cerebro detrás de Homeland, para darle una segunda reescritura. Ese largo proceso terminó por convertir el show en un thriller en que, de nuevo, la paranoia de su protagonista es el centro del argumento.

De hecho, Aggie guarda muchos paralelismos con Carrie Mathison. Ambas sobreviven a un trauma mayor, que les lleva a enfrentar la posibilidad de que su mente les esté jugando malas pasadas. Por lo que la trama intenta mezclar tensión psicológica con melodrama autoconsciente. Por su parte, Jarvis es figura cada vez más enigmática — o peligrosamente aburrida, depende del ángulo — mientras Wiggs se desliza hacia un colapso que parece inevitable. Todo está diseñado para que ambos choquen una y otra vez, como dos personajes atrapados en un guion que insiste en que deben detestarse, desconfiarse y, por supuesto, generar contenido literario a partir del desastre.

Claro está, la sutileza no es precisamente el fuerte de La bestia en mí. Su postura sobre el poder, la moral y la identidad cultural es tan transparente que uno podría tomar apuntes desde el primer episodio. Aquí las mujeres suelen ser sensatas, aunque imperfectas. Al otro lado, los hombres rondan la frontera entre la torpeza y la barbarie. El retrato de Jarvis no ayuda a matizar. Se trata de un hombre criado en el regazo de un magnate inmobiliario neoyorquino y por supuesto, todo su comportamiento inquietante pasa por su convicción de que nadie puede detenerlo. Algo que incluye, cometer un asesinato sin ir a la cárcel. 

Giros complejos para una serie imperdible

A pesar de su halo inquietante, Jarvis acepta colaborar con Wiggs en un libro sobre su vida y la misteriosa desaparición de su exesposa. Es una alianza tan absurda que casi funciona, especialmente gracias a la habilidad de Danes para arrancar humor involuntario de cada tartamudeo emocional de su personaje. Los dos episodios iniciales se benefician de esa dinámica incómoda, donde la escritora frustrada mira a su vecino como material narrativo con patas.

La serie, sin embargo, empieza a tambalear cuando intenta volverse más humana y menos juguetona. Es como si el guion olvidara que las personas toman decisiones extrañas, sí, pero no siempre por conveniencia narrativa. La bestia en mí de pronto toma un giro violento, hace un secreto que amenaza la vida de su protagonista de forma muy poco orgánica. Por lo que parecía un misterio personal en un thriller agotado por su propia urgencia. Claire Danes mantiene la coherencia emocional incluso cuando la historia no lo hace, mientras que Rhys queda atrapado en un rol reducido a gestos psicóticos reciclados.

Y aunque la serie nunca se decide del todo entre el suspenso seco y el drama psicológico, ofrece suficientes momentos de chispa como para mantener al espectador mirando. Wiggs es, paradójicamente, más fascinante cuando no hace nada heroico, sino cuando intenta existir en medio del desastre. Por lo que ella destaca por arrastrar su teclado como si fuera un arma emocional. Ese simple gesto convierte a la serie en algo más que su trama: un recordatorio de que, a veces, el monstruo más insistente es el propio duelo. Que aun así, alguien tiene que sentarse a escribir.


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