Si amaste ‘Hamnet’, esta película de Movistar+ es para ti

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Hamnet de Chloe Zhao se ha convertido en la gran favorita del Oscar y como bien apunta nuestra crítica, la película capaz de arrebatarle el premio a Una batalla tras otra. Y la razón es muy concreta: se trata de una reinvención conmovedora sobre la vida de William Shakespeare (Paul Mescal). Una, además, que explora lo que motivó al inmortal escritor a escribir una de sus obras más famosas y el secreto que guardaba su vida personal. Una combinación que ha hecho llorar al público en todo el mundo.

Pero lo cierto es que el fenómeno del interés por la Inglaterra isabelina no es reciente. En 1998, Shakespeare enamorado se convirtió en la gran favorita de los Oscar (y que terminaría ganando en medio de la polémica), por motivos parecidos a los de Hamnet. De la misma forma que la obra de Zhao, la cinta muestra un lado poco común del célebre autor y, además, indaga en su mito. Sin embargo, mientras que Hamnet lo hace desde cierta óptica mística e intimista, la película del director John Madden se inclina por el humor y la sátira. Eso, sin dejar de lado la exploración sobre la época y la personalidad de su protagonista. 

De hecho, el humor anacrónico es parte del encanto inconfundible de Shakespeare enamorado. Tazas con lemas turísticos, bromas que parecen salidas de una sitcom moderna y una velocidad verbal que recuerda más a Mel Brooks que a un drama de época solemne. El guion, que también escribe el director, está más enfocado en escudriñar en la vida corriente que rodeaba a Shakespeare y hacerlo un hombre corriente. Uno, claro, con un portentoso talento para el drama y la escritura. Pero al final, un hombre cansado, abrumado de trabajo y en busca de la celebridad. 

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Una historia entrañable con un protagonista histórico

Parte del encanto de la cinta, que enfrentó a Salvar al soldado Ryan en la temporada de premios de su año, es combinar dos géneros con habilidad. Por un lado, la comedia romántica y por el otro, el drama histórico. Pero evitando los clichés y procurando que contar las vivencias de un hombre de estatura universal fuera más un homenaje cariñoso que una lección académica. Por lo que ese tono híbrido sostiene una trama que parece un collage deliberado. 

Hay intriga palaciega, problemas financieros, egos artísticos y fragmentos reconocibles de Romeo y Julieta, todavía en estado embrionario. El título provisional de la obra  Romeo y Ethel, la hija del pirata  es un chiste, pero también como declaración de principios. Shakespeare aún no es un autor consagrado ni nada cercano a eso. En contraste, está en la búsqueda de su propia identidad, mientras intenta sobrevivir a la debacle financiera y a las presiones del día a día. Por lo que el genio nace de la urgencia, el deseo y la presión económica. La película no pregunta si es biografía o fantasía. Avanza como si ambas cosas fueran la misma corriente.

Teatro, dinero y peste

Si Hamnet presenta una versión naturalista de la Inglaterra de Isabel I, el Londres isabelino es Shakespeare enamorado en una urbe frenética. Los teatros prosperan cuando la peste no obliga a cerrar puertas y cuando las deudas lo permiten. Pero eso no minimiza su importancia como ciudad cosmopolita. Buena parte de la película tiene la capacidad de enlazar la idea contemporánea de la historia de época con un sutil sentido del humor. Londres se debate entre una enfermedad mental, los impuestos, el barro maloliente y las escaramuzas entre escritores. Pero a la vez, tiene su propia vida e identidad, como centro de toda actividad cultural de la época. 

También, la manera de presentar a William Shakespeare (Joseph Fiennes) es un acierto. Por entonces, es autor prometedor, todavía a la sombra del exitoso Marlowe (Rupert Everett). No es el favorito del público, pero sí una apuesta rentable para Philip Henslowe (Geoffrey Rush), empresario siempre al borde del colapso financiero, y para Richard Burbage (Martin Clunes), dueño del Teatro Curtain, que compite por talento como si se tratara de fichajes deportivos.

Por lo que la cinta dedica tiempo a detallar cómo era ser artista en un siglo con sus propios problemas. Plazos imposibles, elencos improvisados, actores que exageran su importancia y guiones que llegan tarde. Shakespeare sufre bloqueo creativo y lo verbaliza en sesiones con el doctor Moth (Antony Sher), una parodia deliciosa de la terapia moderna incrustada en el siglo XVI. En medio de toda esta crisis existencial, el futuro bardo conocerá a Viola De Lesseps (Gwyneth Paltrow). Hija de un hombre rico, lectora apasionada y con mejor criterio literario que muchos hombres de su entorno, Viola encarna el motor narrativo y emocional de la cinta. Y, claro está, el interés amoroso del genio.

Deseo en calzas y bigote

Pero el punto más interesante de la cinta es cómo enfoca su historia de amor. En el teatro isabelino, los papeles femeninos eran interpretados por hombres jóvenes, una convención que la película explota con inteligencia. Viola se disfraza de hombre para audicionar y termina interpretando a un hombre que interpreta a una mujer. Madden pide al espectador la misma suspensión de incredulidad que el público del siglo XVI. De modo que el efecto de giro no es confusión, sino una visión del tema más cercana a la ironía. Shakespeare se siente atraído por ella incluso cuando lleva bigote y pantalones, y la película convierte ese deseo en una fuerza casi instintiva, previa a cualquier etiqueta.

No obstante, Shakespeare enamorado evita ser una trivial historia de amor. Por lo que pronto, todo lo anterior se tuerce hacia el desencanto y, al final, el desamor. El romance entre Shakespeare y Viola se construye con un realismo discreto, marcado por la conciencia del tiempo limitado. “Esto no es vida, es una temporada robada”, dice ella, y la frase resume el espíritu de la cinta. Una decisión que brinda a la historia su aire de reinterpretación de un hombre del que nadie parece saber demasiado. 

Shakespeare enamorado cierra recordando algo simple y esencial: el teatro siempre ha sido eso. Un grupo de personas, un espacio precario, textos aprendidos a última hora y la posibilidad constante del deseo. El genio no baja del cielo. Se ensaya. Nace de la equivocación y del amor. Y luego, como todo buen espectáculo, desaparece tras el telón. Una perspectiva que, como Hamnet hace de la película universal y emocionante. 


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