Si un hombre decide saltar desde la estratosfera con un paracaídas, ahí estarán millones de personas en todo el mundo para ver la retransmisión. Cuando otra persona escala un rascacielos sin cuerda, incluso hay plataformas de streaming dispuestas a mostrárselo al mundo. Los documentales de true crime se han convertido en los más vistos de los últimos años. Por algún motivo, a los seres humanos nos atrae ver a otras personas corriendo peligro. Hay quien lo llama morbo y quien prefiere denominarlo supervivencia, ¿pero por qué pasa?
Está más que claro que es una realidad del ser humano, aunque no afecta a todo el mundo por igual. Hay personas más propensas a sentirse atraídas por este tipo de imágenes, mientras que a otras sí que les generan bastante desazón.
Centrándonos en las que sí que tienen esa curiosidad morbosa intacta, los neurocientíficos consideran que es una cuestión evolutiva. Nos gusta ver a personas corriendo peligro porque nos ayuda a evaluar esos riesgos desde un entorno seguro. Se trata de algo parecido a lo que pasa con las películas de miedo. Vamos a verlo con más detenimiento.
¿Por qué nos atrae ver a personas corriendo peligro?
En un artículo para Psychology Today, el neurocientífico Douglas Fields explica los motivos evolutivos por los que tantas personas se sienten atraídas por ver a otras corriendo peligro.
A grandes rasgos, la explicación es la que ya hemos visto: les ayuda a aprender a evitar ese mismo riesgo. Pero una cosa es el simple interés por verlo y otra muy diferente ese efecto magnético que parece que producen este tipo de programas para algunas personas.
Según Fields, existe un estudio en el que se demuestra que el riesgo nos atrae porque nos ayuda a calcular el balance peligro/recompensa de una situación amenazante. Cita como ejemplo a uno de nuestros antepasados, corriendo lanza en mano hacia un mastodonte. El final podría ser una suculenta cena o la muerte si el mastodonte se convierte en depredador en vez de presa. Esto, de hecho, no se aplica solo a la caza. Los recolectores también sentían este dilema cuando descubrían una nueva planta, que podría ser un nuevo manjar o un terrible veneno.

Estas situaciones atraen nuestra atención porque necesitamos poner todos nuestros sentidos en ella. El hombre que corría hacia el mastodonte necesitaba pensar en muy poco tiempo cuánto espacio tenía para huir, cómo de distraído estaba el animal o si sería capaz de combatir su tamaño en una pelea cuerpo a cuerpo. Los recolectores que encontraban una nueva planta debían evaluar su parecido con otras plantas conocidas o los posibles riesgos que supondría probar un poquito. Todo eso requiere mucha atención. Por eso, cuando vemos a alguien corriendo peligro, inconscientemente ponemos todos nuestros sentidos en ver lo que le ocurre.
¿Hay diferencias por sexos?
Fields señala que sí hay diferencias por sexos, aunque depende del contenido. Generalmente, las mujeres suelen ser más cautelosas y evaluar mucho más los posibles riesgos antes de lanzarse a ellos. Esto podría hacer que no se sientan atraídas por algunas situaciones en las que hay personas corriendo peligro. No obstante, precisamente por esa necesidad de cautela, a veces ocurre lo contrario. De hecho, las mujeres son las principales consumidoras de documentales de true crime. Muchos de estos documentales hablan de agresiones sexuales y otro tipo de delitos sobre mujeres. Las víctimas suelen ser mujeres más frecuentemente, por lo que son las mujeres que se sienten atraídas por el contenido para evaluar los riesgos y salidas en caso de que se viesen en una situación parecida.

En definitiva, si nos sentimos atraídos por ese tipo de imágenes no es porque seamos unos morbosos. Más bien es por simple supervivencia.

