‘Nadie 2’, crítica: una secuela ultraviolenta a la altura de las expectativas

‘Nadie 2’, crítica: una secuela ultraviolenta a la altura de las expectativas

Nadie 2 sorprende casi de inmediato por dos motivos. Por un lado, se trata de una secuela que está consciente de que el éxito de la primera estuvo en convertir el tropo del ejército de un único hombre, en una salvaje colección de peleas. Buena parte de la personalidad de la película radica en su elenco, encabezado por un Bob Odenkirk como un héroe de acción disfrazado de un hombre corriente. La secuela toma todo lo anterior y lo lleva al siguiente nivel. Eso, sin modificar demasiado su fórmula pero logrando que haya suficiente energía como para ser interesante por sí sola.

Parte del mérito lo tiene el nuevo equipo creativo detrás de cámara. Timo Tjahjanto —que sustituye a Ilya Naishuller en la silla del director— llega a Nadie 2 con una reputación cimentada en el cine de acción extremo de Indonesia. Y no la desperdicia. Desde el primer plano, su puesta en escena se siente más agresiva y calculada que la de la entrega anterior. Hay un uso inteligente del espacio, con encuadres que convierten zonas aparentemente banales — como un parque acuático viejo — en escenarios letales. 

La violencia no solo está coreografiada, sino diseñada para incomodar y fascinar a partes iguales. Lo que Tjahjanto logra aquí es muy similar a su trabajo en The Night Comes for Us (2018). Pero adaptado a una producción más occidental, con un tono que combina lo absurdo y lo brutal. Los 90 minutos de metraje están pensados para no dar respiro, y la cámara rara vez se aleja de la acción. 

Por lo que el ritmo y el tono de la película cambian por completo. En la primera Nadie había un intento por balancear el ritmo con pausas. También, cierta introspección de su protagonista. Pero esta vez, Hutch Mansell (Bob Odenkirk) regresa como un depredador siempre en movimiento. Una elección visual lo convierte en una figura más intimidante, aunque con un toque irónico. El director también aprovecha la estética de vacaciones para subvertirla. Toboganes y piscinas se vuelven trampas mortales. Y los colores brillantes contrastan con la violencia gráfica. Este contraste funciona como marca de estilo y como declaración de intenciones: no habrá medias tintas.

Un héroe malhumorado en ‘Nadie 2’

Si en Nadie la premisa giraba en torno a la percepción de Hutch como un hombre débil, ahora el problema es su incapacidad para alejarse de la violencia. La historia abre con un Hutch consumido por trabajos clandestinos, incapaz de compartir momentos básicos con su esposa e hijos.

El detonante llega con unas vacaciones familiares en el decadente Wild Bill’s Majestic Midway and Waterpark, una especie de sátira sobre un parque Disney. Pero lo que parece la oportunidad ideal para que Hutch se meta en más problemas, pronto se transforma en un giro hacia el mundo del crimen. En especial, por la presencia de la misteriosa y violenta Lendina (Sharon Stone), una jefa de la mafia dispuesta a todo para detener a Hutch por el medio que pueda. 

Al otro extremo de la ley, se encuentra sheriff Abel (Colin Hanks), que añade un matiz de corrupción local que ayuda a explicar por qué el pueblo entero parece estar implicado en el negocio ilegal. Sin embargo, la trama no busca complejidad moral. Es una historia de buenos contra malos, con un protagonista que usa métodos cuestionables para proteger lo que ama. Este enfoque simple funciona para el género, pero también limita las sorpresas narrativas. La violencia, por otro lado, nunca se siente gratuita; siempre está motivada por la lógica del personaje y la urgencia de la situación.

Un tipo peligroso que dispuesto a matar

Uno de los mayores aciertos de la secuela está en cómo todo lo que rodea al malhumorado Hutch sirve como combustible para la creatividad de las peleas. Lejos de repetir la famosa secuencia del autobús, Nadie 2 encuentra su equivalente en un bote anfibio, que se convierte en un espacio cerrado y resbaladizo donde la violencia se multiplica. 

El humor físico, a lo Solo en casa, se mezcla con ejecuciones sangrientas, recordando que la saga nunca ha temido la contradicción entre comedia y gore. Por lo que el trabajo del director con los dobles de riesgo es impecable: cada golpe tiene peso, cada arma improvisada sorprende. El parque acuático no es solo decorado, sino un terreno narrativo. La película parece un cruce improbable entre Las vacaciones de una chiflada familia americana (1983) y un festival de cine de acción ultraviolento. 

Bob Odenkirk as Hutch Mansell in Nobody 2, directed by Timo Tjahjanto.

El guion aprovecha esta geografía para que Hutch despliegue su ingenio asesino. Especialmente en el tercer acto, donde las muertes se vuelven tan imaginativas como grotescas. Por lo que el director demuestra por qué es uno de los cineastas de acción más interesantes del momento. No se limita a imitar lo que funcionó antes, sino que busca nuevos ángulos, aunque a veces la repetición de ciertas fórmulas sea inevitable.

Valió la pena la espera por ‘Nadie 2’

Aunque la secuela podría haber llegado demasiado tarde — cuatro años después del debut — , el salto a streaming de la primera película y su éxito posterior le dieron a la franquicia un público más amplio. Odenkirk regresa como Hutch con una seguridad que solo tienen los actores que han hecho suyo un papel. 

La química con Becca (Connie Nielsen) es más importante ya que ella deja de ser solo un personaje de apoyo para involucrarse en la acción. Harry (RZA) y David (Christopher Lloyd) continúan como refuerzos carismáticos, sumando a la dinámica familiar un aire de complicidad criminal. Por otro lado, Max (Lucius Hoyos), Brady (Gage Munroe) y Sammy (Paisley Cadorath) añaden el elemento juvenil. 

Aunque sus conflictos son principalmente catalizadores para que Hutch rompa su promesa de no volver a pelear. Claro está, el guion no está interesado en el desarrollo de varios secundarios. De modo que algunos solo funcionan como piezas útiles de la trama. Sin embargo, el carisma del elenco principal compensa en buena parte esta carencia.

Nadie 2 deja claro que no pretende reinventar el cine de acción, sino perfeccionar su propia fórmula. Es una obra que sabe lo que su audiencia espera: peleas creativas, un protagonista carismático y una estética violenta con toques de humor. Todas promesas que cumple a lo largo de su argumento que — como no podía ser de otra forma — anuncia otra secuela. Un deleite para fanáticos de la acción y hasta para los que no lo son tanto. 


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