Japón suele estar a la cabeza de los ránquines de esperanza de vida. También se encuentra entre los países desarrollados con menores índices de sobrepeso. Aunque pudieran parecer datos independientes, ambos factores están bastante relacionados. Y es que, si bien es cierto que una persona con sobrepeso puede estar perfectamente sana, también es verdad que el sobrepeso, y sobre todo la obesidad, son factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades metabólicas. Con el fin de prevenirlas, tanto por los riesgos que suponen para la salud como por los costes que recaen sobre el sistema sanitario japonés, el gobierno nipón lanzó en 2008 la ley Metabo, una normativa que obliga a las empresas a velar por la salud de sus empleados e incluso las multa si no se siguen las directrices necesarias y se cumplen unos objetivos mínimos.
Lógicamente, la ley Metabo ha sido muy controvertida. Hay quien considera que el gobierno nunca debería inmiscuirse en la salud de las personas y quien piensa que, en realidad, sí que es una competencia del gobierno de un país, pues influye sobre los gastos en sanidad. La discusión, desde luego, está servida.
Dejando a un lado las opiniones, está claro que la ley está dando algunos resultados. Ahora bien, ¿se podría conseguir algo parecido sin convertirlo en legislación? Es posible.
Las cifras de Japón lo dicen todo
Según la Unión Europea, en su territorio los porcentajes de sobrepeso van desde el 31,3 % de Italia hasta el 69,4 % de Croacia. En Estados Unidos, las cifras, según datos del CDC, son de un 73,6 %. Japón, en cambio, tiene apenas un 4,2 % de su población con sobrepeso.
El estilo de vida de los japoneses y la dieta, baja en azúcares y grasas, rica en té verde y con una gran cantidad de alimentos integrales y productos frescos como el pescado, contribuyen mucho. Pero, aun así, el gobierno de Japón considera que se puede ir más allá. Por eso, en 2008 se lanzó el programa Salud 21, en el que se incluyen una serie de iniciativas y leyes destinadas a promover en la población una vida sana y reducir aún más el sobrepeso.
Destacan principalmente la ley Shuku Iku y la ley Metabo. La primera va destinada a la población infantil y recomienda medidas como los menús saludables en los colegios, la retirada de máquinas de vending en centros escolares. También incluye la organización de talleres y actividades de divulgación sobre comida saludable.
La ley Metabo, en cambio, va destinada a la población adulta de entre 40 y 74 años y pone principalmente a las empresas como encargadas de que se lleve a cabo.

¿Cómo funciona la ley Metabo?
La ley Metabo obliga a las empresas a incluir en el examen médico anual de sus empleados una serie de medidas dirigidas a analizar su salud metabólica. La primera, y precisamente la más importante, es la medición del contorno de la cintura. Esto es importante porque actualmente se considera mucho más fiable que el índice de masa corporal para calcular el riesgo de una persona de padecer trastornos metabólicos. El número de la báscula es un una cifra que depende de muchos factores. En cambio, el contorno de la cintura se relaciona con los niveles de grasa abdominal, un parámetro que sí que afecta negativamente a la salud metabólica.
Si se supera la cifra de 85 centímetros para los hombres y 90 centímetros para las mujeres, los trabajadores deben someterse a otras mediciones. Por ejemplo, la tensión arterial o los niveles de glucosa o lípidos en sangre. Teniendo todo esto en cuenta se puede saber mucho mejor hasta qué punto está afectada su salud. Con esa información, se clasifica a estas personas según el nivel de riesgo. Cuando superan los centímetros indicados en el contorno de cintura pero el riesgo es bajo, se les ofrecen herramientas de apoyo emocional para cambiar su estilo de vida. En cambio, si el riesgo es alto, deben asistir a sesiones de asesoramiento con seguimiento durante tres meses mediante llamadas telefónicas y correo electrónico.
¿Qué ocurre si no se cumplen las medidas?
Si no acuden a las sesiones, estas personas no serán sancionadas, pero las empresas sí que podrían pagar una multa. Y es que las compañías deben garantizar que sus trabajadores cumplen con estas medidas y, además, junto a los gobiernos locales, se debe garantizar que haya un 65 % de participación en estas mediciones. Si no se logra, podrían recibir sanciones.

¿De qué sirve todo esto?
Es buena idea obligar a las empresas a velar por la salud de sus empleados. De hecho, no solo se les deberían dar herramientas para mejorar su estilo de vida y reducir su contorno de cintura. También se deben tomar medidas para mejorar su salud mental y física a otros muchos niveles.
Sirve de muy poco asesorar a los trabajadores sobre estilos de vida saludables si apenas tienen tiempo para cocinar algo que no sea precocinado. O para ir al gimnasio sin que se convierta en otra fuente de estrés.
Por otro lado, no todos los casos de sobrepeso se solucionan con esas medidas. El consumo de fármacos, como algunos antidepresivos o los corticoides, así como enfermedades como el lipedema, también provocan sobrepeso, por muy saludable que sea el estilo de vida de una persona. Por eso, culpabilizar a alguien con sanciones, aunque sean para su empresa, sin ahondar más en su caso, puede ser bastante controvertido y, sobre todo, injusto y erróneo.
¿Funciona esta ley? Los números indican que sí. Pero es normal que haya quienes la consideran demasiado intrusiva.

