En el pasado hablábamos de olas de calor como algo excepcional de los veranos. Si había dos o tres ya nos parecía un verano sofocante. Ahora, a veces cuesta diferenciar el final de una del principio de la siguiente. Los días estivales se convierten en una sucesión de olas de calor. Esto, lógicamente, es molesto y desagradable, pero también peligroso a muchísimos niveles. Uno de los más recientemente descubiertos es el hecho de que las olas de calor nos hacen envejecer tanto como el tabaco.
Es la conclusión de un estudio recién publicado por científicos de la Universidad de Hong Kong, en China. Para llevarlo a cabo contaron con la participación de 24.922 personas taiwanesas a las que se hizo un seguimiento entre 2008 y 2022. En ese tiempo se les tomaron muestras de sangre para analizar algunos de los parámetros que se consideran marcadores de envejecimiento. Así, vieron que, teniendo en cuenta la cantidad de olas de calor acaecidas en su lugar de residencia en dicho periodo, los que se habían sometido a una mayor cantidad de ellas habían experimentado un envejecimiento biológico mayor.
Es importante diferenciar el envejecimiento biológico del cronológico. Y es que alguien con una edad cronológica de 45 años puede tener una edad biológica mucho mayor o menor, dependiendo de muchos factores. Envejecer es un proceso complejo, no consiste solo en cumplir años. Y parece que las olas de calor lo aceleran a niveles más que preocupantes.
¿Cómo nos hacen envejecer las olas de calor?
Como decíamos, envejecer no es cumplir años. Ese sería el envejecimiento cronológico, pero el biológico es el resultado de la acumulación de una serie de daños moleculares y celulares, a veces por simple deterioro cronológico, pero otras veces por causas ambientales. La exposición al tabaco o al alcohol, por ejemplo, aumenta en gran medida esos daños. No mantener hábitos saludables, como una dieta equilibrada o el ejercicio físico, también nos hace envejecer más deprisa. Pero el rumbo que está tomando nuestro planeta nos está llevando a un envejecimiento aún más veloz por múltiples motivos. Uno más que comprobado es la contaminación ambiental. Ahora, sin embargo, sabemos que eso no es todo, ya que las olas de calor también nos hacen envejecer.
Los seres humanos somos animales homeotermos. Esto significa que somos capaces de mantener nuestro cuerpo a una temperatura constante, en torno a los 36.5 ºC. Lo hacemos a través de mecanismos para regular la temperatura, como la sudoración.

Sin embargo, incluso esos mecanismos tienen sus límites. Si los ponemos demasiado a prueba, sometemos al cuerpo a una serie de tensiones que, poco a poco, van causando daños moleculares y celulares. Por lo tanto, las olas de calor frecuentes, en las que esas tensiones son constantes, nos hacen envejecer más deprisa.
¿Cómo lo comprobaron estos científicos?
Los autores de este estudio compararon los cambios en los marcadores de envejecimiento de los participantes con su exposición a olas de calor. Con los primeros pudieron hacer un cálculo de su edad biológica, a la que posteriormente se le restó la edad cronológica para obtener un valor bautizado como aceleración de la edad biológica (BAA por sus siglas en inglés). Al ir pasando por los distintos grupos en los que se dividieron los participantes con base a su exposición a las olas de calor, se observó que en cada salto se experimentaba un aumento de 0,023 a 0,031 años en el BAA. Esto es comparable a los aumentos que se han calculado en otros estudios por parámetros como el consumo frecuente de alcohol o el tabaquismo.

Además, se vio que esa cifra era incluso mayor en personas que trabajaban al aire libre o vivían en zonas rurales y/o sin aire acondicionado. Todo esto apunta a que, muy probablemente, no es una simple casualidad. Las olas de calor nos hacen envejecer. Teniendo en cuenta que la esperanza de vida de la población en muchos países es cada vez mayor, deberíamos intentar atajar este problema, para que, ya que vivimos más años, lo hagamos también con salud.