Si eres fan del anime y te gustan las películas de fantasía, el nuevo gran estreno de la animación japonesa es para ti. El formato está cada vez más de moda, con miles y miles de espectadores comprendiendo el potencial que tiene el cine animado nipón mucho más allá de series para niños. De hecho, hay verdaderas obras maestras como estas 10 películas de anime imprescindibles. Ahora, una más trata de sumarse a la lista.
Hablamos de Scarlet, una cinta de fantasía medieval que promete grandes cosas. Curiosamente, en realidad es una especie de adaptación muy libre y ultraestimulada de Hamlet, de William Shakespeare. Por lo que llega en el momento perfecto, ya que coincide en el cine con Hamnet, la exitosa película nominada al Oscar sobre el origen de la legendaria obra del Bardo.
Scarlet cuenta la historia de una princesa medieval experta en el manejo de la espada que se embarca en una peligrosa misión para vengar la muerte de su padre. Tras fracasar en su misión y encontrarse gravemente herida en un «Otromundo», un universo después de la vida, conocerá a un joven idealista de nuestro presente que no solo la ayuda a curarse, sino que le muestra la posibilidad de un futuro libre de amargura y rabia. En su camino, Scarlet buscará desesperadamente al asesino de su padre, enfrentándose a su batalla más difícil: ¿podrá romper el ciclo del odio y encontrar un sentido a la vida más allá de la venganza?

¿Merece la pena Scarlet?
Uno de los principales motivos para ir a ver Scarlet es que es la nueva película del director nominado a los premios Óscar Mamoru Hosoda. El cineasta comenzó su carrera en televisión e incluso trabajó para franquicias tan grandes como Digimon o, brevemente, One Piece. Pero después ha firmado filmes de la talla de La chica que saltaba a través del tiempo, Los niños lobo, El niño y la bestia, Minari, mi hermana pequeña o la más reciente Belle.
Ahora, Hosoda regresa una vez más al género fantástico y, otra vez con una protagonista femenina, regalar una historia épica de primer nivel. Es cierto que quizás Scarlet es una de sus obras más irregulares. Pero estamos hablando de uno de los grandes maestros del anime de las últimas décadas. Por lo que un filme mediano suyo no deja de ser una cinta aceptable e incluso por momentos bastante notable.
La película hace aguas sobre todo en su componente narrativo. La historia de Scarlet se mueve un poco a trompicones, con cambios de ritmo e incluso de tercio dramático más inconsistentes de lo esperado. A veces acelera tanto que no da tiempo a que lo que ha ocurrido deje poso, como si alguien hubiera metido la tijera más de la cuenta en la sala de edición. Otras veces, por el contrario, la trama queda encallada y le cuesta avanzar. En cualquier caso, insistimos, no son defectos terribles, solo aspectos que podrían estar mejor pulidos viniendo de un director como Hosoda. Por suerte, la acción está bastante pulida.
Donde sí que brilla Scarlet es en su apartado técnico. Los fondos hiperrealistas en 3D juegan un extraño pero llamativo contraste con la animación tradicional de sus personajes. Además, los diseños de la luz y el color juegan un papel fundamental, simbólico y evocador en todo el desarrollo de la protagonista. Aquí sí que vemos perfectamente el sello de calidad del cineasta, que nos lleva en volandas en un espectáculo estimulante y grandilocuente de algo más de hora y media. Solo por eso, ya merece la pena disfrutarla en pantalla grande.
Scarlet ya está en cines.

