Cumbres borrascosas de Emerald Fennell se ha convertido en uno de los estrenos más esperados del año. En especial, porque aunque se trata de una revisión de la novela gótica de Emily Brontë, es también una exploración sobre el amor y el deseo. Todo en clave de torturado romance entre dos amantes improbables. Una versión por completo libre del original, por supuesto, pero que conserva toda la esencia trágica del libro convertido en clásico de la literatura universal.
Claro está, se trata de un riesgo que ha traído la inevitable polémica a cuestas. La novela de Brontë, publicada el 24 de noviembre de 1847, todavía resulta controversial por su retrato de una turbia historia de amor entre dos hermanos de crianza. Catherine Earnshaw (Margot Robbie en la futura cinta) es la hija rebelde y díscola de un hombre acaudalado. Durante su adolescencia, termina por enamorarse de Heathcliff (Jacob Elordi), un huérfano al que la familia dio acogida desde su infancia. Pero lo que comienza como un romance juvenil termina por convertirse en un vínculo envenenado de odio y rencor. Y cuyas consecuencias se extenderán a través de generaciones.
Una historia semejante causó un impacto inmediato en la Inglaterra victoriana. Pero, mucho más, mostró un nuevo tipo de historia que refundó el romance y el drama de la época. No obstante, el relato, en toda su gloria salvaje y sorprendente, es algo más que solo el fruto de la fértil imaginación de su autora. También, es una exploración del mundo en que la escritora vivió y las dificultades a las que se enfrentó. Una combinación que brinda a la historia su especial personalidad.
El horror tras las puertas en ‘Cumbres borrascosas’

Nacida el 30 de julio de 1818, Emily Brontë fue parte de una familia de mujeres brillantes. Sus hermanas, Charlotte y Anne, también escribían desde niñas y llegaron a convertirse en reconocidas autoras en una época en la que algo semejante era prácticamente imposible. No obstante, lo más complicado es que todas vivían en Haworth, un pueblo de la hostil región de West Yorkshire. Además, como hijas del pastor local, enfrentaban una precaria situación económica, que las condenó a una vida de privaciones, dolores y, al final, una muerte prematura.
Con todo, Patrick Brontë dedicó tiempo y esfuerzo a educar a todos sus hijos —seis en total— y para la adolescencia, todos escribían y leían, una rareza por la época. Gracias a esa decisión, Emily, Anne y Charlotte comenzaron a escribir desde muy niñas. Un hábito que comenzó como una forma de distracción, pero con los años, les permitió crear un universo literario que las tres hermanas compartían entre sí. También, que les permitió contar las durísimas condiciones en que vivían a través de la ficción.
Un universo creado a lápiz y papel

Pero incluso, antes que sus ya clásicos relatos fueran publicados, ya las jóvenes demostraban una considerable habilidad para la narración. Eso, gracias a que su tía, Elizabeth Branwell, encargada de ocuparse de la rectoría y de la crianza de los niños después de la muerte de su hermana, les alentaba en la educación. Antes de cumplir diez años, ya todos los hijos de la familia Brontë escribían y leían de manera constante.
Un raro privilegio que desembocó en el origen de toda la obra posterior atribuida a Emily, Charlotte y Anne. Por años, todas mantuvieron el hábito de escribir juntas cada noche, relatos sobre paracosmos conocido como Glass Town (Ciudad de Cristal) a partir de 1827. Con las décadas, este mundo evolucionó y se hizo más complejo. Charlotte y su hermano Branwell se centraron en el territorio de Angria, mientras que Emily y Anne desarrollaron un mundo propio separado llamado Gondal. Ambos mundos ficticios pueden considerarse borradores tanto de Cumbres borrascosas como de Jane Eyre.
Cada una de las hermanas narraba una historia correspondiente a un grupo de personajes, con sus propias reglas y hasta una genealogía para cada uno de ellos. Más tarde, esas historias serían el origen tanto de Cumbres borrascosas como de Jane Eyre, obra de Charlotte. De hecho, esa actividad creativa, tan poco frecuente y activa, permitió a las autoras profundizar en la psicología de sus protagonistas y sus complicadas condiciones de vida. Que al final eran muy semejantes a las que sufrían ellas mismas.
De la vida real a la página de una novela histórica

Lo cierto es que para los hermanos Brontë, la vida no era sencilla y fue empeorando a medida que la situación económica familiar se volvió más precaria. Cuando Emily Brontë tenía tres años, su madre murió, lo que provocó que su hermana mayor Charlotte tuviera que tomar el lugar como cabeza del hogar. Entre privaciones, maltratos en diversos internados en que las hermanas estuvieron recluidas en varios momentos de su vida y enfermedades, las Brontë lucharon por sobrevivir.
El testimonio de semejante padecimiento quedó plasmado en las novelas escritas por las autoras. Cumbres borrascosas, investigó en la forma en que Emily comprendía el amor y en especial, en cómo el durísimo entorno que le tocó enfrentar le hizo concebir la vida. En especial, las crueles divisiones entre clases sociales, el padecimiento que puede heredarse de generación en generación y la soledad. Por su parte, Charlotte exploró a través de Jane Eyre las privaciones sufridas a lo largo de su vida, así como sus diversas experiencias escolares, todas fallidas y algunas trágicas.
Uno de los puntos más dolorosos de Cumbres borrascosas es que Emily Brontë murió apenas un año después de la publicación de la novela. Con todo, su legado, que incluye una obra que cambió para siempre la literatura de su época y una visión del romance muy poco común, todavía perdura. Algo que el revuelo que ha causado la adaptación de Emerald Fennell demuestra y deja más claro que nunca.

