‘Gente que conocemos en vacaciones’, la ‘RomCom’ de Netflix que está arrasando y deberías estar viendo

‘Gente que conocemos en vacaciones’, la ‘RomCom’ de Netflix que está arrasando y deberías estar viendo

Gente que conocemos en vacaciones, la más reciente comedia romántica de Netflix, tiene el mérito de intentar renovar el género con humor. Lo hace, además, captando la esencia del éxito de ventas y fenómeno de BookTok de Emily Henry. Entre ambas cosas, la película —que ya se encuentra entre lo más visto de la plataforma durante el mes de enero— es un conmovedor tributo al amor. Eso, gracias a que el director Brett Haley, toma el relato de dos viejos amigos que descubren que les une una emoción más fuerte sin cinismo alguno.

Al contrario, la trama, adaptada por Yulin Kuang, Amos Vernon y Nunzio Randazzo, es generosa al explorar la forma en que nuestra época concibe enamorarse. En especial, cuando cualquier relación debe pasar por el peso de las expectativas, la búsqueda de la pareja perfecta y el pesimismo romántico. Por lo que Gente que conocemos en vacaciones, deja claro de inmediato que su conflicto no gira en torno al amor, sino al miedo a nombrarlo. En especial, porque indaga en lo que ocurre cuando el amor se aleja por completo del ideal que la cultura, las expectativas y las exigencias suelen mostrar como cierto. 

De modo que no hay cinismo ni solemnidad excesiva en su premisa. Poppy Wright (Emily Bader) es una periodista de viajes que vive rodeada de maletas y habitaciones impersonales. Su trabajo en la revista R&R le permite moverse constantemente, conocer ciudades, personas y culturas. Pero su sofisticado estilo de vida comienza a parecerle insatisfactorio y vacío. La película introduce este desgaste sin subrayados, dejando que se filtre en gestos mínimos y comentarios lanzados al aire. Por otro lado, Alex Nilsen (Tom Blyth), su amigo de toda la vida, es un abogado metódico, educado hasta la autoanulación y atrapado en una necesidad constante de control. Y como es previsible, terminarán por enamorarse. Pero la cinta evita llegar al amor de inmediato, sino que explora en cómo dos personas tan distintas pueden llegar a tener algo en común. 

Dos vidas muy distintas unidas en el mismo escenario

Para eso y de la misma manera que la novela, Gente que conocemos en vacaciones sigue a Poppy y a Alex a través de su larga amistad. Se conocen desde la universidad y, durante años, establecieron un ritual aparentemente inofensivo. Tomar una semana de vacaciones juntos, sin importar qué pasaba con sus respectivas vidas el resto del año. Con cierto parecido con Cuando Harry encontró a Sally de Rob Reiner, el giro permite ver a ambos personajes madurar a lo largo de las décadas. 

También, profundizar en el hecho de que, aunque es obvio para cualquiera, ninguno de los dos parece admitir que están enamorados. Pero con el correr del tiempo, la situación se vuelve incierta y terminan por distanciarse. Luego de dos años sin verse, se reencuentran en Barcelona, reunidos a la fuerza por la boda de David (Miles Heizer), el hermano de Alex. El guion no explica de inmediato la ruptura emocional; prefiere que el malestar se manifieste en lo cotidiano: silencios largos, conversaciones prácticas, incomodidades logísticas como un apartamento sin aire acondicionado. 

No obstante, la convivencia reaviva la relación entre ambos. Uno de los logros de la cinta, es profundizar en ese reencuentro a través de los recuerdos que Alex y Poppy tienen sobre su vida en común. Así que cada salto temporal añade contexto, pero también complica la percepción que el espectador tiene de ambos personajes. Poppy no es solo carisma y espontaneidad; también es evasión disfrazada de libertad. Alex no se define únicamente por estabilidad; su rigidez nace del temor a perder lo poco que siente seguro. 

La película acierta al no convertir estas diferencias en caricaturas románticas. En cambio, las presenta como mecanismos de defensa incompatibles fuera de ese espacio suspendido que son las vacaciones compartidas. Barcelona, con su vitalidad turística, contrasta con la parálisis emocional de los protagonistas. No es una postal gratuita, sino un escenario que subraya la ironía central del relato: viajar por el mundo resulta más sencillo que enfrentarse a una conversación pendiente.

Una pareja entrañable para los amantes de la comedia romántica

Como toda RonCom que se precie, Gente que conocemos en vacaciones encuentra sus mejores momentos al explorar en la química entre sus protagonistas. Algo que la cinta hace constantemente, sin convertirla en espectáculo inmediato. Emily Bader construye a Poppy Wright desde una energía inquieta que parece siempre a punto de desbordarse, pero que esconde un cansancio profundo. Su interpretación evita la trampa de la manic pixie viajera: hay encanto, pero también torpeza emocional y una tendencia constante a huir antes de preguntar. 

Tom Blyth, por su parte, brinda al icónico Alex Nilsen una timidez casi conmovedora. Su lenguaje corporal dice más que sus líneas, y su voz baja funciona como una muralla cuidadosamente mantenida. El contraste entre ambos no se presenta como una oposición simple, sino como un desequilibrio que solo encuentra armonía cuando comparten tiempo y vivencias. La trama, que les muestra con frecuencia en diferentes momentos de su vida, muestra cómo esa dinámica se repite y se transforma.

People We Meet on Vacation. (L-R) Emily Bader as Poppy and Tom Blyth as Alex in People We Meet on Vacation. Cr. Michele K. Short/Netflix © 2025

 Cada viaje revela una variación mínima: una broma que ya no suena igual, una mirada que dura más de lo prudente, una decisión impulsiva de Poppy que obliga a Alex a salir de su zona de seguridad. El argumento relata los recuerdos con una ligereza engañosa, apoyándose en montajes ágiles y una banda sonora discreta que nunca empuja la emoción. El resultado es una sensación de cercanía que no depende del dramatismo, sino del reconocimiento. El espectador no observa una historia de amor idealizada, sino un vínculo que se define por lo que ambos personajes se permiten sentir cuando están lejos de sus vidas habituales. Esa burbuja vacacional se convierte en el único espacio donde Poppy y Alex parecen auténticos, y la película explota esa paradoja con notable precisión.

El amor está en todas partes en ‘Gente que conocemos en vacaciones’

El tramo final de Gente que conocemos en vacaciones confirma que la película sabe exactamente qué historia quiere contar y hasta dónde está dispuesta a llevarla. El clímax, cuidadosamente preparado a lo largo de los saltos temporales, se despliega sin aspavientos innecesarios. Por lo que la gran conversación final entre Poppy y Alex no es un momento diseñado para impactar, sino para resumir un largo viaje emocional. De modo que rescata la premisa inicial para llevarla a una nueva dimensión: amar es parte del crecimiento y la madurez. O al menos, como lo relata la cinta. 

Sencilla, conmovedora y divertida, Gente que conocemos en vacaciones no busca devastar ni sacudir, pero tampoco se conforma con ser un pasatiempo olvidable. Antes que eso, confirma que el cine romántico puede dialogar con una audiencia contemporánea sin subestimar su inteligencia emocional. Un punto en alto que la convierte en una de las películas más emotivas en el amplio catálogo de Netflix. 


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