Todos hemos escuchado alguna vez que tomar muchos alimentos dulces nos hace ingerir más calorías. Una de las principales recomendaciones dietéticas de nuestra época es que acostumbremos nuestro paladar a tomar menos dulce para que, cada vez, tengamos menos antojos de ese tipo. De hecho, es algo que podemos encontrar en cualquier lista de consejos para adelgazar. Sin embargo, según un nuevo estudio, podríamos estar errados en ese sentido.
Lo ha llevado a cabo un equipo de científicos de la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos. No es el primer estudio que analiza los efectos de comer más o menos alimentos dulces, pero sí el primero que lo hace a largo plazo. Normalmente, se analizan dichos efectos en periodos cortos, pero en este caso han hecho un seguimiento de los voluntarios durante 6 meses.
Así, han visto que, en realidad, comer más o menos alimentos dulces no depende de lo que tengamos acostumbrado a nuestro paladar. Los factores que influyen son otros, por lo que, si queremos consejos para adelgazar, quizás deberíamos cambiar el modus operandi.
¿Cómo se llevó a cabo este estudio sobre el consumo de alimentos dulces?
Para llevar a cabo este estudio se contó con la participación de 180 voluntarios que se dividieron en 3 grupos. En uno tomaron una dieta muy rica en alimentos dulces, en otro bastante pobre en ellos y, en el tercero, una mezcla.
Todos ellos recibieron cada dos semanas un lote de alimentos y bebidas seleccionados específicamente para el estudio. Se eligieron con base en un estudio anterior en el que se había analizado la percepción en el paladar de 500 alimentos muy consumidos en los Países Bajos. Entre los alimentos más dulces se clasificaron, por ejemplo, la mermelada, el chocolate con leche, las bebidas azucaradas y los lácteos endulzados. Como alimentos poco dulces, en cambio, se seleccionaron el jamón, el queso, la mantequilla de cacahuete, el humus o el agua con gas, entre otros.
Cabe destacar que, si bien cada lote de alimentos tenía distintas cantidades de alimentos dulces, las cantidades de carbohidratos, grasas y proteínas fueron exactamente las mismas. Así, sería más fácil comparar los resultados, ya que el único factor diferencial sería el dulce.

Todos los participantes, estuviesen en el grupo que estuviesen, recibieron un menú diario que les serviría como guía, aunque la realidad es que podían comer la cantidad de cada alimento que deseasen.
Con todo esto diseñado, solo faltaba conocer el gusto por el dulce de cada uno de los voluntarios. Para ello, se les realizaron una serie de encuestas antes de empezar el estudio. También las completaron dos veces durante los seis meses que duró el estudio, justo al terminar y uno y cuatro meses después. Además, se analizaron otros datos como la ingesta total de energía y macronutrientes, la ingesta dietética durante el ensayo y las medidas fisiológicas de los participantes. Estas últimas incluían el peso corporal, la composición corporal y los marcadores sanguíneos para el riesgo de diabetes y enfermedades cardiovasculares, entre los que se encuentran la glucosa, la insulina y el colesterol.
Los resultados no fueron los esperados
Si tenemos en cuenta los consejos para adelgazar típicos, lo lógico sería que aquellos participantes que comieron más dulces tendiesen a ingerir más calorías con el paso del tiempo y que, por lo tanto, esto afectase sus parámetros fisiológicos. Sin embargo, se descubrió algo muy diferente, ya que una menor exposición a los alimentos de sabor dulce no condujo a cambios en las preferencias del sabor dulce. Los participantes ni siquiera refirieron cambios en la percepción del sabor dulce ni eligieron alimentos menos dulces o con menos calorías. Tampoco sucedió lo contrario en quienes comieron más alimentos dulces.
Pero eso no es lo más curioso, ya que tampoco se encontró ninguna asociación entre la cantidad de alimentos dulces consumidos y los factores fisiológicos de los participantes. Es decir, por muchos alimentos dulces que comieran, no tendieron a engordar ni empeoraron sus marcadores sanguíneos.

¿Deberíamos cambiar los consejos para adelgazar?
Para perder peso debemos consumir menos calorías de las que gastamos. Ese es el pilar básico. Es cierto que, a menudo, los alimentos dulces son más calóricos. Sin embargo, no siempre es así. No debemos demonizar el dulce, sino buscar dietas equilibradas, en las que haya un aporte adecuado de los distintos tipos de nutrientes, incluyendo la glucosa.
De nada sirve educar nuestro paladar para que tenga un menor gusto por el dulce si luego nos atiborramos de hamburguesas. Y tampoco pasa nada por tomar una hamburguesa de vez en cuando. El truco está en la mesura. Con respecto a si es cierto que se puede educar el paladar para comer menos alimentos dulces, es cierto que este estudio se ha llevado a cabo solo con 180 personas. Es una cantidad bastante reducida de participantes, por lo que tampoco deberíamos tomar sus resultados como una verdad absoluta.
Además, a menudo nuestras preferencias por el dulce no dependen tanto de nuestras costumbres como de nuestra genética. Existen múltiples estudios que demuestran que nuestros genes tienen una gran influencia en lo que nos gusta comer. Especialmente parece que estas preferencias se basan en variaciones en un grupo de genes conocidos como T1R.
Por lo tanto, nuestras preferencias pueden estar decididas en el momento que nacemos. Se pueden cambiar a base de experiencias, por supuesto, pero tampoco es lo más importante. Antes de educar nuestro paladar, debemos educarnos nutricionalmente nosotros.