Este anime está arrasando en Netflix y seguro no has oído hablar de él

Este anime está arrasando en Netflix y seguro no has oído hablar de él

El anime se ha convertido en uno de los géneros más populares de la actualidad y Netflix lo sabe. De hecho, una de sus colecciones mejor curadas es la que cuenta con lo mejor del formato, no solo en su versión clásica, sino en la contemporánea. Y uno de los grandes títulos de esa selección es Beastars una producción del estudio Orange que, con tres temporadas, se ha convertido en un clásico animado. No solo por su premisa (un complejo mundo de animales antropomórficos), sino por la forma en que la profundiza.

Al contrario de la saga Zootrópolis, la graciosa ¡Canta! o la recién estrenada Como cabras, el mundo de Beastars tiene tintes más oscuros y hasta crueles. En especial, porque pone de relieve las complicadas diferencias entre especies y lo que eso puede significar. A lo largo de sus episodios, el anime profundiza en el misterio del asesinato en la Academia Cherryton, un colegio en el que diferentes especies conviven. Pero en especial, en la que Legoshi un lobo gris, quien pasa de ser un adolescente confundido a un adulto que intenta cambiar las reglas de su sociedad. 

Basada en la obra de la mangaka japonesa Paru Itagaki, Beastars además tiene la capacidad de enlazar en un mismo escenario varios tópicos complejos. Por un lado, es una historia de crecimiento que ve madurar a su protagonista desde la confusión de la adolescencia a una serena visión de la primera juventud. Pero al otro extremo es un universo singular, cada vez más elaborado, que reflexiona sobre múltiples puntos a la vez. De cómo es la relación entre depredadores y carnívoros, hasta las esferas de poder. Lo cierto es que Beastars es tanto una buena historia para los amantes del anime, como un experimento afortunado de narrativa que sorprende por su originalidad. 

Una historia singular que se hace cada vez más interesante para ‘Beastars’

Sin embargo, el punto más interesante de Beastars es la manera en que profundiza en la tensa convivencia entre carnívoros y herbívoros. Todo, marcado por la prohibición estricta de consumir carne. Por lo que la historia comienza dejando claro que el delicado equilibrio entre especies está a punto de romperse. Para eso, explora lo que ocurre en la mencionada Academia Cherryton tras el brutal asesinato de Tem, una alpaca, lo que desata una ola de desconfianza en el campus. Mucho peor, la forma en que las sospechas recaen sobre todo alrededor de la víctima. No importa su especie, apetitos o incluso historia personal. 

Algo especialmente para Legoshi, tímido y sensible, que debe luchar contra la idea de que es capaz de ser una amenaza. En particular, al explorar y enfrentarse a sus instintos depredadores mientras desarrolla sentimientos complejos por Haru. Esta última, una pequeña coneja blanca, explorando así temas como el prejuicio, el deseo y la búsqueda de identidad en un mundo dividido. Pero además, en el hecho de entender el amor, la búsqueda del propósito y hasta la necesidad de comprender el propio mundo interior. Una perspectiva que se hace más profunda y detallada a medida que la historia de Beastars avanza. 

Más complicado todavía resulta que Legosi tiene una presencia que intimida incluso cuando intenta pasar desapercibido. Su aspecto impone respeto inmediato y el argumento deja claro que, de querer serlo, sería peligroso. Sin embargo, quienes lo conocen saben que su personalidad es más bien tímida y amable. Esa contradicción es el combustible emocional del personaje: un depredador que preferiría desaparecer en la esquina del salón antes que imponer miedo. Beastars aprovecha esa tensión entre apariencia y comportamiento para construir buena parte de su drama.

Encontrar al culpable de un asesinato atroz

Pero también, la serie explora lo que ocurre en la escuela, convertida en hervidero de rumores y terrores. El clima dentro de la escuela se vuelve cada vez más incómodo. Los rumores circulan rápido y las diferencias entre especies, que antes definían a cada personaje como simples rasgos físicos, empiezan a convertirse en líneas divisorias claras. La convivencia entre animales que biológicamente se comerían unos a otros deja de parecer un experimento social estable, por lo que empieza a sentirse como una tregua frágil.

Beastars explora en este ecosistema con una mezcla de curiosidad sociológica y melodrama juvenil. De modo que, a pesar del terror y la sospecha. Los estudiantes siguen asistiendo a clases, ensayando obras teatrales y caminando por los pasillos. Pero la amenaza siempre está presente. Es una convivencia sostenida por reglas muy estrictas y una enorme presión cultural. Todo lo anterior convierte el instituto en algo más que un escenario escolar y lo hace más parecido a una miniatura de una sociedad donde la naturaleza y la moral chocan constantemente. La idea puede sonar absurda sobre el papel, pero la serie logra que funcione con sorprendente naturalidad.

Amor, instinto y confusión hormonal

La situación se complica cuando Legosi tiene un encuentro inesperado con Haru, una pequeña coneja blanca. El momento ocurre cerca de unas fuentes del campus y está impulsado por algo difícil de explicar. El lobo siente un impulso repentino hacia ella. El problema es que ese impulso podría interpretarse de dos maneras muy distintas. ¿Desea conocerla, entablar una amistad, hacerse preguntas sobre qué los separa o qué los une? ¿O su interés por Haru nace del afecto o de un reflejo biológico mucho más oscuro? 

La serie explora esa ambigüedad con cierta ironía: el romance adolescente aquí también incluye la posibilidad de convertirse en cena. Mientras Legosi intenta comprender sus propias emociones, Haru, por su parte, es un personaje que desafía muchas expectativas dentro de ese mundo. Aunque es físicamente pequeña y vulnerable, su personalidad resulta directa y compleja. Por lo que ambos resultan un experimento complicado y que Beastars analiza con habilidad.

Un anime para disfrutar de un tiron

En especial, porque el contraste entre ambos personajes genera una dinámica peculiar. Él vive paralizado por la culpa de sus instintos. Ella parece haber decidido vivir ignorando los límites que la sociedad intenta imponerle. Esa combinación produce escenas incómodas, curiosas y a veces sorprendentemente divertidas. Y es del hecho, el punto más fuerte de una premisa que se vuelve, a través de sus tres temporadas, progresivamente más oscura. 

Eso, porque en paralelo, Beastars empieza a insinuar que el conflicto entre carnívoros y herbívoros va más allá de un simple choque cultural. Hay deseos reprimidos, jerarquías invisibles y normas sociales diseñadas para evitar el caos. El mundo de Beastars funciona gracias a una especie de pacto silencioso que todos respetan, al menos en teoría. La pregunta que flota en el aire es sencilla y perturbadora: ¿cuánto tiempo puede sostenerse ese equilibrio? Una conclusión a la que la trama llega de manera inteligente, bien pensada e inquietante, en una entrega final para la historia. 


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