‘En el barro’: el nuevo éxito en español de Netflix que deberías ver cuanto antes

‘En el barro’: el nuevo éxito en español de Netflix que deberías ver cuanto antes

En el barro, la nueva serie de Netflix, spin-off del éxito argentino El Marginal (ambas creaciones de Sebastián Ortega) la violencia descarnada lo es todo. Eso, debido a que la trama explora en la cárcel femenina de La Quebrada y se construye a partir de un hecho detonante. Una de las reclusas logra fugarse, lo que desata un clima de tensión que arrastra al resto de presas a una espiral de conflictos. A partir de ahí, la narrativa se alimenta de situaciones extremas. Enfrentamientos entre facciones internas, explotación sexual, dinámicas de trata de personas y múltiples formas de abuso institucional. 

El guion de Silvina Frejdkes y Alejandro Quesada no se detiene ante nada, y su violencia explícita es una marca de estilo. Lo que hace de la producción una de las más sangrientas y brutales del catálogo reciente de Netflix. Y lo hace sin ningún tipo de pudor. Desde el comienzo, En el barro apuesta por un ritmo frenético, casi caótico, que parece diseñado para no dejar respirar al espectador. Por lo que la presentación de los personajes — un grupo de cinco mujeres responsables de diferentes delitos — también muestra mucho del ritmo y tono de la serie. 

Para eso, la trama se enfoca en Gladys (Ana Garibaldi), una mujer desesperada. Luego de cometer un secuestro frustrado, termina en los pasillos de alta seguridad de la prisión. De la misma manera que El Marginal — que usó a su protagonista como un observador de la dinámica detrás de las rejas — la trama explora en la visión de Gladys. Pero, en especial, su lucha por sobrevivir y en especial, su capacidad para mantenerse cuerda en mitad de una situación límite. Una circunstancia que comparte con un puñado de reclusas en una situación idéntica o peor que la suya. 

Una mirada honesta al horror

Una de las principales fortalezas de En el barro es su manera de abordar el sufrimiento. La producción profundiza en su historia a través de escenas cada vez más explícitas, aunque sin convertir la crueldad el centro de la trama. Antes que eso, intenta desarrollar el contexto hostil que deben enfrentar sus personajes. Todo, sin evitar el realismo de una cárcel bajo la presión de la agresión y el dolor.

Incluso, en las escenas de violencia sexual, que En el barro incluye sin romantizar ni edulcorar, hay un punto de vista cuidadoso sobre lo que se desea contar. A saber: cómo una cárcel es un escenario fuera de la ley y a merced de una circunstancial amenaza constante. 

A través de sus ocho intensos episodios, En el barro reflexiona sobre la idea del horror de un sistema diseñado no para reeducar, sino, en apariencia, infligir dolor. Un punto que comparte con la premisa original de El marginal. Un punto a favor de la serie, es que el director de todos los capítulos, sea Alejandro Ciancio, responsable de buena parte de los capítulos de la producción original. El resultado es una notoria fluidez en cuanto a temática y forma de abordar sus puntos más polémicos. Algo que brinda a En el barro varios de sus mejores momentos. 

El terrible mundo de las cárceles bajo una nueva perspectiva

Claro está, no es sencillo abordar la vida carcelaria sin mostrar sus puntos más sórdidos y crueles. Algo que la producción de Netflix logra manteniendo el interés en cada uno de sus personajes y las circunstancias que deben enfrentar para sobrellevar su situación. Antes que obsesionarse solo con los giros más escabrosos de la historia, la trama toma la decisión de brindar humanidad a sus sufridas protagonistas. En especial Gladys, decidida a mantenerse en pie a pesar de las durísimas condiciones que la rodea. 

La serie, además, toma decisiones audaces para explorar en temas polémicos. De la subtrama que muestra cómo las reclusas que graban y comercializan material sexual en medio de la precariedad como estrategia de supervivencia, hasta el trauma. Lo cierto es que En el barro se toma en serio la posibilidad de indagar en los lugares más oscuros de la experiencia carcelaria y también, la posibilidad de la esperanza. Incluso, en una situación semejante como la que atraviesan sus personajes. 

Una cuidada producción para ‘En el barro’

A lo largo de su historia, la serie de Netflix tiene cuidado en mostrar la idea de una cárcel como un espacio fuera de la ley y las convenciones sociales. Se trata de una perspectiva arriesgada, que lleva consigo la inevitable crítica al sistema legal y las instituciones. Pero En el barro, evita ser solo un panfleto de denuncia o una enumeración en clave de escenas gráficas sobre la violencia de las prisiones. En lugar de eso, subraya cuidadosamente la posibilidad de la redención, incluso en situaciones brutales, de una crueldad inaudita y deshumanizantes. 

Para su capítulo final, En el barro deja claro que, aunque podría haber aprovechado la violencia explícita para escandalizar, crea un ambiente realista para reflexionar. Mucho más, para brindar tridimensionalidad a personajes complejos que se hacen cada vez más cercanos y realistas. Una combinación que convierte a la serie en no solo una de las más interesantes de Netflix, sino del mundo del entretenimiento actual.


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