La cuarta temporada de Los Bridgerton, al menos su primera parte, dejó algo claro. El hecho es que la serie recuperó por completo su capacidad para ser entrañable. De la relación de dimes y diretes entre Benedict (Luke Thompson) y Sophie (Yerin Ha), a la manera en que el guion de Jess Brownell explora a la familia titular. Lo cierto es que la entrega más reciente está interesada en brindar un lugar especial para cada personaje. Mucho más, hacer que cada una de sus apariciones sea memorable y sin duda, digna de recordarse. A excepción de todo lo relacionado con Francesca Bridgerton (Hannah Dodd), que naufraga en las aguas ingratas de la irrelevancia.
Algo que se lamenta especialmente por un motivo. La hija recién casada de Los Bridgerton está muy cerca de protagonizar la gran historia de amor de la temporada. Hacerlo, además, con una relación destinada a romper tabúes. Y que permitirá a la serie explorar la vida queer de la época (o lo más cercano a eso) desde una perspectiva emocionante. Pero en lugar de sacar provecho a eso, la producción ha convertido a Francesca, en una especie de pieza que va de un lado a otro de su historia con torpeza. De restar importancia a su amor por John Stirling (Victor Alli) y convertirlo en una mera idea platónica, en simplificar su conocida inteligencia.
Lo cierto es que la cuarta entrega de Los Bridgerton está restando capas de interés, profundidad y sofisticación a un personaje clave. Peor aún, lo está convirtiendo en una damisela atrapada en un matrimonio aburrido, que va directa a conocer al amor de su vida. Cuando en los libros, el trágico romance de Francesca, es una de las historias más matizadas, elaboradas y maduras de toda la colección. En específico, porque es la única oportunidad en que la saga de romance histórico va más allá de solo amores imposibles. También reflexiona sobre la pena, el miedo, la culpa y al final, la redención. Todo gracias a Francesca y sus desventuras.
El amor de Francesca y sus puntos más bajos

Por ahora no está claro cuál de las hermanas Bridgerton mayores tomará el hilo narrativo en adelante. De seguir el orden estricto de la saga literaria (cosa que Shondalan ya demostró no tener muy en cuenta), la próxima entrega debería corresponder a Eloise (Claudia Jessie). No obstante, y siguiendo el giro de los últimos acontecimientos en la producción, Francesca tomó mucha más relevancia. En especial porque la tercera temporada culminó con el personaje conociendo al que será el motivo de sus tormentos en adelante, Michaela (Michael en el libro) Stirling (Masali Baduza). Que además, volvió a aparecer en la temporada más reciente.
De modo que todo parece indicar que la hermana Bridgerton cuya vida amorosa será el centro de la trama es Francesca. Pero de ser así, Los Bridgerton está haciendo un pobre servicio, no solo al personaje en pantalla, sino a su dura historia literaria. Para la fecha, Francesca es retratada como una recién casada tímida que se cuestiona sobre su vida sexual y se hace preguntas acerca del motivo por el cual está aburrida. O lo que es lo mismo, comienza a plantearse que su vida matrimonial no es todo lo feliz que podría ser. Dudas razonables y graciosas, hasta que la serie utiliza la natural inquietud para restar complejidad a Francesca y lo que, de hecho, es el motor central del personaje.
Una dura historia de amor

Que no es otra cosa, que su evolución lenta, sostenida y brillante a través de una tragedia dolorosísima. Julian Quinn enfoca todo su interés en el personaje en el libro El corazón de una Bridgerton (2004) y la historia pasa por varias etapas. La primera, un matrimonio feliz aunque sin hijos, en el que Francesca está profundamente satisfecha con su vida. Uno de los puntos más interesantes de la novela es justo empezar la historia del personaje con un final feliz. Francesca, a pesar de no cumplir de inmediato su deseo de tener hijos, ama a su esposo, se siente comprendida y disfruta de su vida. Por lo que, cuando John muere, el shock es total, trastoca su vida en adelante y arrasa con todo lo que creía de importancia para ella.
Al contrario, en la serie, Francesca contrae matrimonio y encuentra que no siente la menor atracción física por John, un hombre apacible y que la producción muestra como discreto. De hecho, hay un verdadero hincapié en dejar claro que la relación entre ambos tiene tropiezos de química y cercanía sexual. Algo que Los Bridgerton lleva a un punto ridículo con la insistencia de Francesca de preguntar a su madre, hermana y amiga sobre el orgasmo. Un punto que la producción utiliza para mostrar que France4sca está insatisfecha, aburrida y que, sin duda, eso indica que su futuro será encontrarse a sí misma. Que atraviesa, además, explorar en su orientación sexual.
¿Michael o Michaela? He ahí el dilema

A primera vista, cambiar el género del segundo interés amoroso de Francesca en favor de una relación queer subversiva e impactante, no es en realidad un problema. No para Los Bridgerton, que han dedicado tres temporadas a explorar desde el desenfado en temas como el racismo, la exclusión y, en la nueva temporada, la presión de clases. Por lo que, en una pareja sáfica, no es esencial un punto que pueda afectar la idea del romance apasionado, reivindicativo y maduro que la trama relata. Pero hay un detalle que al parecer la sala de guionistas no parece especialmente interesada en desarrollar. Que Francesca desea ser madre.
Mucho peor: que el motor para la segunda gran historia de amor en la vida del personaje pasa por esa necesidad de profundizar en un aspecto que quedó pendiente. Eso, a pesar de su amor por John y todo lo que ambos vivieron juntos. En la novela, la decidida, audaz y fuerte Francesca, luego de un luto trabajoso y complicado, decide rehacer su vida porque anhela ser madre. Situación que hará que, finalmente, su vida termine por entrecruzarse con la de Michael, primo de John y quien la ha amado en secreto desde que la conoció. A partir de esa decisión, la historia sobre Francesca se basa directamente en la capacidad para comprender su derecho a continuar a pesar de la viudez.
Dolor y renacimiento en ‘The Bridgerton’

También, en el replanteamiento de la idea romántica de un solo amor para toda la vida. Francesca, a su modo, es tan subversiva, rebelde y complicada como cualquiera de sus hermanos y hermanas. Pero además, plantea a través de su historia, la noción acerca del crecimiento espiritual y el hecho de que el amor es una experiencia distinta siempre. Cuando por fin se convierte en madre, su anhelo se vincula con la capacidad de su historia para mostrar que el personaje escogió su camino. En específico, que no se trata de una imposición social, sino que Francesca muestra todo su amor, entusiasmo y renovada confianza por la vida al educar a sus hijos. También, al amar a Michael.
Por lo que Julia Quinn juega con gran elegancia con las convenciones sociales y logra que tener un hijo, no sea una obligación penosa. Sino una reflexión cuidada y bien lograda sobre una mujer que atraviesa el terreno de sufrimiento para comprenderse a sí misma. Además, Francesca logra comprender que, si bien tener un hijo la llevó de nuevo a la búsqueda del amor, no fue el único motivo. Y que Michael no es solo su esposo; además, demuestra que el amor tiene su propia personalidad, riesgo y siempre es una manera de crecer.
¿Y qué ocurre en ‘Los Bridgerton’?

Lo más probable es que la serie traslade toda esa carga emotiva, de evolución y cambio, a la orientación sexual de Francesca. Lo que tiene su importancia e interés, pero entonces, se aleja del segundo amor como un renacimiento total. En lugar de eso, la trama plantea en realidad que Michaela no es segundo amor en absoluto, sino el verdadero. Eso, siendo que ya dejó caer que Francesca y John Stirling carecen de química y son algo más cercanos a un matrimonio afectuoso pero sin pasión. Al reducir la intensidad del amor de Francesca por su esposo e insinuar que solo fue una obligación impuesta por la rígida sociedad, Francesca pierde capas.
En particular, porque el personaje original jamás hubiese permitido una imposición semejante, apasionado y decidido como se le describe. De modo que para ella el amor no es un patrón, un deber, un punto de honor, sino el pináculo de su búsqueda personal. Sugerir que contrajo matrimonio y después comprendió que el amor solo era una trampa social minimiza al personaje y le arrebata agencia.
Mucho más, porque el romance con Michaela es su primer gran amor, diluyendo el elemento central de la segunda oportunidad para amar. Un giro que poco o nada tiene que ver con la Francesca que se convirtió en una de las figuras más queridas de la saga. Y una además, que rompió el ritmo y el tono de los libros de Julia Quinn. Todos elementos que terminan por perderse en la drástica transformación que Francesca sufre para la serie.

