Chris Pratt se enfrenta a la justicia de ChatGPT en ‘Sin Piedad’ (★★½☆☆)

Chris Pratt se enfrenta a la justicia de ChatGPT en ‘Sin Piedad’ (★★½☆☆)

El tema de la Inteligencia Artificial no es algo nuevo en el cine, aunque en el mundo real aún esté casi en pañales. Son decenas y decenas las películas y series que han tratado diferentes conflictos desde muchos ángulos distintos. A esa lista hay que sumar ahora Sin Piedad, lo nuevo de Chris Pratt y Rebecca Fergusson. Dirigida por el ruso Timur Bekmambetov (Wanted, Abraham Lincoln: Cazador de vampiros), la cinta promete grandes dosis de suspense y adrenalina. Pero, ¿cumple su promesa?

Sin Piedad se ambienta en un futuro próximo. En él, un detective (Chris Pratt) es juzgado, acusado de asesinar a su esposa. Tiene 90 minutos para demostrar su inocencia ante la Jueza de la I.A. avanzada (Rebecca Ferguson), a la que él mismo defendió en su día, antes de que esta decida su fatal destino. Con acceso a todo tipo de archivos y pruebas, el protagonista tendrá que descubrir qué pasó realmente.

Sin piedad

Sin Piedad se siente como un capítulo poco acertado de Black Mirror. La cinta, que toma un punto de partida sugerente a través de un enfoque en favor de la IA, no consigue trascender al emplear todo cliché y conveniencia de un guion torpe y acelerado. Entretiene y se pasa rápida, pero no puede ir más allá ni ofrecer reflexiones más complejas.


























Puntuación: 2.5 de 5.

Una gran premisa

Aunque no sea tan original como quiere creerse, Sin Piedad cuenta indudablemente con un muy buen punto de partida. La película reflexiona abiertamente sobre el destino de la humanidad una vez que abrace por completo la Inteligencia Artificial. Y, sobre todo, indaga en los pros y los contras que esta puede tener en algo tan básico, tan fundamental como uno de nuestros pilares como sociedad: la justicia. Lejos de posicionarse en el bando predominante en Hollywood, el filme expone los beneficios y las desventajas que puede tener la intromisión de la IA en el sistema desde un punto de vista de conciliación y proIA.

Este enfoque, aunque no aporta nada especialmente nuevo ni revelador, sirve como base sugerente y sólida para el proyecto. Además, la cinta se permite el lujo añadido de indagar en otro aspecto que lleva algo más de tiempo con nosotros: la huella digital. En este caso, Sin Piedad no pretende establecer ninguna clase de código moral, sino más bien un debate ético en los ojos individuales de cada espectador. Y, además, mostrar de lo que es capaz la IA en este asunto si no se le ponen límites.

El problema, de nuevo, es que no consigue ofrecer nada particularmente fresco ni estimulante. A estas alturas, cualquiera conoce perfectamente los riesgos de las redes sociales, de la nube, de las búsquedas en internet e incluso sencillamente el uso de dispositivos digitales. Quizá ese sea el gran problema de Sin Piedad, que es capaz de encontrar temas interesantes pero no los aborda con nada particularmente profundo o distinto.

Sin Piedad

A piñón fijo

En cualquier caso, Sin Piedad es una película entretenida. En sus algo menos de dos horas no paran de suceder cosas. Detalle notable dado que su protagonista se pasa prácticamente todo el metraje encadenado a una silla sin poder moverse. Pero el director le imprime un buen ritmo y hace que sea difícil aburrirse, más allá de todos los defectos de su guion. Desde el principio, mete quinta marcha y, como entretenimiento palomitero, cumple su función.

Pero lo que evita que Sin Piedad pueda ser una buena película está en ese torpe guion. Es verdad que el misterio es intrigante y sugerente, y que la tensión está desde el primer momento por todo lo alto. Pero la historia está llena de agujeros y conveniencias que te obligan a comprar. Especialmente hacia el final, la cinta se embarra de más, con algunas frases y situaciones ante las que es mejor taparse los ojos. Intenta compensarlo con sus mejores secuencias de acción (bastante gratuitas, por otro lado), pero el chute de adrenalina no tapa del todo sus carencias.

De hecho, ni siquiera Chris Pratt logra imprimirle su carisma habitual a Sin Piedad. El actor ofrece una interpretación en piloto automático, tratando de jugar mucho con la gesticulación de su rostro, con la voz y con movimientos bruscos. Pero aunque no está tan mal como podría haberse intuido, sí que está limitado.

Sin Piedad

En resumen, Sin Piedad es una película entretenida pero mediocre sobre la Inteligencia Artificial, como una suerte de capítulo largo y poco afilado de Black Mirror. El caso que trata es lo suficientemente interesante para no perder el hilo en ningún momento, pero se echa en falta algo más de riesgo y valentía a la hora de abordar los conflictos relacionados con la IA y la huella digital. El guion, lo más flojo del proyecto, se queda en una tierra de nadie para llegar a su apresurado final. Al menos no aburre y la química de Chris Pratt y Rebecca Fergusson no es del todo mala.

Sin Piedad ya está en cines.


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