Siempre se habla mucho del reloj biológico de las mujeres y de que a partir de cierta edad se nos pasa el arroz. De hecho, el embarazo por encima de los 35 años se considera un embarazo geriátrico, con todo lo que connota la palabra. Sin embargo, si un hombre de más de 50 años deja embarazada a una mujer, es un campeón. Un semental. La cuestión es que, dejando a un lado la desagradable jerga de arroz y sementales, es totalmente cierto que a partir de cierta edad la calidad de los óvulos decae y, por lo tanto, pueden darse problemas en el embarazo o en el bebé. Todo eso es verdad, pero también lo es que en los hombres ocurre exactamente lo mismo. Si bien durante muchísimo tiempo se ha pensado que la calidad de sus espermatozoides se ha mantenido toda la vida, hace unos años que se empezó a comprobar que no es cierto. Ahora, además, sabemos cuál puede ser el punto débil de su fertilidad.
Lo ha descubierto un equipo de científicos de la Universidad de Ciencias de la Salud de Utah. Su estudio se llevó a cabo inicialmente con ratones. Sin embargo, al detectar cuál podría ser el problema, lo buscaron también en células humanas, dando exactamente con el mismo.
Según su estudio, parece ser que la clave por la que a los hombres se les pasa el arroz está en el ARN de los espermatozoides. El foco de los científicos había estado mayormente en el ADN, pero en este caso es el ARN el que marca el techo de su fertilidad.
¿Cuáles son las diferencias principales en la fertilidad de hombres y mujeres?
Hay muchas cuestiones que pueden afectar a la fertilidad de hombres y mujeres. Sin embargo, si nos centramos en la edad, la cuestión principal es el momento en el que se producen las células reproductivas. En el caso de las mujeres, nacemos ya con una reserva ovárica definida. Esa es la cantidad de ovocitos que tendremos para ir gastando desde la pubertad hasta la menopausia.
En cambio, a partir de la pubertad, los hombres empiezan a fabricar sus espermatozoides y la fábrica sigue en marcha el resto de su vida.
Si pensamos en esto sin tener nada más en cuenta, se entiende que a los 40 años una mujer ya está empleando ovocitos muy viejos. En cambio, un hombre de 40 años estaría usando espermatozoides recién fabricados.

Lo que ocurre es que, por muy recién fabricados que estén, esos espermatozoides no tienen la misma calidad que los que se producen en unos testículos más jóvenes. Hay diferencias que influyen en la fertilidad e incluso en la salud de la descendencia.
ARN, la razón por la que se le pasa el arroz a los hombres
En los últimos años se han publicado estudios en los que se demuestra que, cuando un hombre decide tener hijos después de los 35 años, el riesgo de parto prematuro, problemas respiratorios en el bebé durante el parto, obesidad o trastornos del espectro autista en su desarrollo, entre otras afecciones, es mayor. ¿Pero por qué?
Cuando una célula está envejecida, acumula más daños en su ADN. Ese es el problema de los ovocitos. Sin embargo, los espermatozoides son más nuevos. Su ADN no está más dañado. La cuestión es que estábamos mirando el ácido nucleico que no era; pues, en su caso, se trata del ARN.
Gracias a una técnica de secuenciación de ARN muy precisa, llamada Pandora-seq, los autores de la Universidad de Utah han podido encontrar diferencias nunca vistas en los patrones de ARN de los espermatozoides de ratones de distintas edades. Observaron un cambio muy brusco a partir de las 50-70 semanas de edad, ya que, a partir de ese momento, eran mucho más abundantes los fragmentos largos de ADN que los cortos. Curiosamente, al analizar el ARN de espermatozoides humanos se vio exactamente la misma diferencia a medida que envejecían los participantes.

¿Qué es lo que hace ese ARN tan largo?
Para ver cuáles eran los efectos de este cambio dramático en el ADN, los investigadores probaron a introducir ARN antiguo en células madre embrionarias de ratón. Así, se vio que esos fragmentos de ARN largo modificaban la expresión de genes asociados al metabolismo y la neurodegeneración. Este podría ser el motivo por el que se ha encontrado un aumento de casos de niños con obesidad, que es un trastorno metabólico, o trastornos del espectro autista, que tiene relación con el sistema nervioso, en niños nacidos de padres de edad avanzada.
Saber todo esto es muy necesario por dos motivos. Por un lado, por una simple cuestión de justicia. Las mujeres llevamos toda la vida cargando con el peso de un supuesto reloj biológico haciendo tic tac sobre nuestras cabezas. Es justo saber que la infertilidad asociada a la edad no recae solo sobre nosotras. Como todo lo que tiene que ver con la reproducción humana, es una cuestión de dos.
Por otro lado, saber los mecanismos que influyen en la fertilidad e infertilidad a partir de cierta edad, tanto en hombres como en mujeres, puede ser útil para buscar nuevos tratamientos y procedimientos que disminuyan el riesgo para la madre y el feto. Desgraciadamente, vivimos en un mundo en el que la maternidad y la paternidad suelen tener que posponerse por motivos económicos o laborales. Por eso, cada vez habrá más embarazos geriátricos. Normalmente, detrás de uno de esos embarazos, también hay un hombre de más de 30. Estudiemos cómo se pueden mejorar las condiciones para ambos.

