Paradise estrenó su primera temporada el año pasado y sorprendió. En especial, porque la serie de Dan Fogelman (el mismo de This Is Us) resultó ser una distopía que sobrepasaba solo la especulación sobre un futuro pesimista. También era una combinación de miedo al poder, manipulación de masas y el terror de las paranoias por el ocultamiento gubernamental de secretos. Todo mezclado en una premisa inquietante: ¿qué pasaría si el líder de un mundo al borde de la catástrofe terminara por ser asesinado?
Mucho más, desde la perspectiva de que el menor error puede llevar a los pocos sobrevivientes a un desastre incluso peor que con el que ya lidian. Algo que abarca protegerse de un aparente ataque nuclear en un búnker subterráneo en el que están confinados a la espera de saber qué ocurrió en la superficie. La segunda temporada insiste en poner a sus personajes frente a pérdidas devastadoras, una serie de reencuentros improbables y pequeños rituales que, tras el colapso del mundo, adquieren una dimensión casi sagrada. Todo eso combinado con la urgente sensación de que todo va a empeorar y, de hecho, empeora con rapidez.
Retomando los eventos del final de temporada, la trama se enfoca de nuevo en Xavier (Sterling K. Brown). A punto de salir al exterior para saber qué ha ocurrido más allá del aparente conflicto atómico que desató los eventos centrales de la historia, carga con la angustia de estar dividido entre la misión y la familia. Su deseo de hallar a su esposa Teri (Enuka Okuma) sostiene buena parte de la tensión emocional. Un giro que permite a la serie encontrar calor humano incluso en escenarios devastados. Por lo que, con habilidad, Paradise vuelve a demostrar que no es solo una historia de ciencia ficción (que lo es y uno estupendo), sino además un drama humano.

Date de alta en Disney+ ahora y ahorra gracias a la suscripción anual, con la que podrás disfrutar de todo su catálogo de series y películas. Acceso a los últimos estrenos, al catálogo de Star y ESPN* y a los mejores documentales de National Geographic.
*ESPN solo está disponible en Latinoamérica. Ahorro respecto a 12 meses de suscripción mensual.
Se amplía el universo de una serie complicada

El primer reto al que se enfrentaba Paradise en esta segunda temporada era reconfigurar su relato, basado en la claustrofobia y en la urgencia. En especial, contado a través de un único espacio dominante y un misterio central que organizaba la trama. El asesinato del presidente Cal Bradford (James Marsden) ofrecía un eje concreto: descubrir no solo al asesino del primer mandatario en condiciones imposibles. También, el motivo por el que el criminal había decidido sabotear la paz del refugio subterráneo en el que también se encontraba encerrado. De modo que todo giraba alrededor de esas dos preguntas.
El encierro en el búnker subterráneo bajo Colorado aportaba cohesión y un tono casi teatral por su efecto cápsula. Por lo que salir de ese espacio implica expandir la trama en nuevas direcciones y plantear nuevas interrogantes. ¿Sobreviviría la esencia de la serie a eso? La nueva temporada cumple esa expansión literal y simbólica, haciéndolo además con soltura y habilidad. Por lo que el mundo alrededor de Xavier se hace más grande y complejo. Todo, en una mezcla inteligente: el interminable viaje, los recuerdos del personaje sobre el mundo antes del colapso y personajes recién incorporados. Mucho más, cuando el esforzado héroe debe ahora enfrentar como puede el desastre fuera de la frontera restringida y engañosamente plácida del búnker.

Para eso, la trama se expande en diferentes puntos, algunos extraños y otras decisiones coherentes con la ambición de Paradise de mostrar un mundo fragmentado. Uno de los más raros es el que atañe al personaje de Annie (Shailene Woodley), una guía turística que sobrevive en Graceland, antiguo hogar de Elvis Presley. Su rutina solitaria adquiere un ritmo hipnótico hasta que aparece Link (Thomas Doherty) con un grupo errante. Woodley construye un arco emocional convincente. Del miedo inicial, adaptación progresiva al desastre y una necesidad palpable de contacto humano. Lo cierto es que el personaje sorprende por ser completamente distinto a los que Paradise había incluido en su trama hasta ahora.
Nuevos conflictos que enfrentar

La temporada también introduce comunidades aisladas y niños que han aprendido a sobrevivir demasiado pronto. En sus momentos más logrados, la atmósfera recuerda a The Last of Us por su melancolía contenida y elaborada reflexión sobre el dolor. Así que Paradise apuesta a extender el cosmos de su propuesta, siempre interesándose en la forma en que la tragedia golpea a sus protagonistas.
Un giro que, además, brinda la oportunidad al argumento de indagar en lo que es su fuerte: la supervivencia en condiciones cada vez más extremas. Un acierto al recorrer el mundo exterior, devastado sin caer en clichés sobre paisajes apocalípticos o de sociedades arrasadas por la desgracia. Paradise encuentra la forma de narrar un cataclismo mundial a través de diferentes líneas narrativas, que se enlazan entre sí de manera elegante, bien planteada y sin parecer demasiado convenientes.

Pero en el búnker, la situación se vuelve explosiva. Y uno de los puntos más interesantes de la temporada es la forma en que Paradise logra explorar qué ocurre después de la doble tragedia de un cataclismo y la muerte de un líder respetado. Para eso, sigue a Jeremy (Charlie Evans), hijo del fallecido mandatario Cal Bradford (James Marsden), que impulsa una rebelión juvenil en medio de la incertidumbre. Pudiera parecer una decisión extraña mostrar lo que se vive en el refugio subterráneo a través de los más jóvenes. No obstante, funciona gracias a que el guion logra que ese ambiente combativo y crispado sea un campo de batalla que enfrentar.
Enfrentar el pasado en ‘Paradise’

Otro acierto de temporada es enfocar su interés en el pasado, por lo que brinda respuestas a lo que ocurrió en el pasado y la construcción del refugio. Para eso, indaga otra vez en Sinatra (Julianne Nicholson), figura enigmática cuya influencia se sugiere constantemente. El misterio que la rodea ocupa tiempo en pantalla, aunque la historia tarda en ofrecer razones claras para implicarse emocionalmente en su destino. Pero cuando finalmente muestra qué oculta el personaje, obliga a replantear cada uno de los puntos que tocó hasta ese momento. Una especie de plot twist que, sin serlo del todo (no es del todo impredecible), brinda nueva energía al argumento.
Para su capítulo final, que anuncia tercera temporada (y última), Paradise demuestra que es mucho más que una serie sobre desastres u horrores distópicos. Más que eso, es una elegante reflexión sobre la naturaleza humana, nuestra responsabilidad sobre el futuro y la necesidad de comprender el sentido del poder. Todo en el atractivo paquete de un thriller cada vez más complejo y mejor desarrollado.
