Llega a los cines 28 Años Después: El Templo de los Huesos, la segunda parte de la nueva trilogía del mítico universo cinematográfico de zombis de Danny Boyle y Alex Garland. La cinta aterriza en las salas apenas un año después del estreno de su predecesora. Pero lo hace con un importante cambio. Boyle cede la dirección a Nia DaCosta (The Marvels), aunque el guion sigue siendo de Garland y los personajes, en esencia, son los mismos.
En 28 Años Después: El Templo de los Huesos regresamos con Spike, el niño protagonista de la película anterior, que salió del refugio de su aldea para encontrar su propio camino. Sin embargo, con quien se cruzó fue con el trastornado Jimmy Crystal y sus Jimmies, el pequeño grupo de jóvenes subordinados que cumple sus órdenes a rajatabla. Spike deberá convertirse en uno de ellos y descubrirá que los infectados ya no son la mayor amenaza para la supervivencia. Por su parte, el Dr. Ian Kelson continúa estudiando al infectado alpha Sansón para entender mejor cómo funciona la enfermedad que asola el mundo.

28 Años Después: El Templo de los Huesos
La brutal 28 Años Después: El Templo de los Huesos es una secuela más que digna de su legado. Una película fascinante en su reflexión sobre cómo los cultos sectarios son aún más peligrosos que un virus zombi apocalíptico. Nia DaCosta da la talla con una cinta que cumple con creces su promesa, regalando un espectáculo endiablado y sangriento, gore y lleno de humor negro que, además, es capaz de ir más allá.
El peligro no son los infectados
Aunque el guion pueda ser más simple, lo que esconde detrás 28 Años Después: El Templo de los Huesos es una maravilla. La primera entrega reflexionó sobre la infancia y la madurez en un mundo en ruinas. Pero en esta ocasión Alex Garland va un paso más allá y revienta por completo el género zombi al indagar en los cultos religiosos y las sectas. El gran peligro, el gran mal ante el que se enfrentan Spike, el Dr. Kelson y los espectadores ya no es un virus infernal, es la locura, la enajenación humana.
Llena de simbolismos religiosos y marcadamente bíblicos desde el principio, 28 Años Después: El Templo de los Huesos se lanza de lleno como una crítica feroz de la fe mal entendida. Cómo el raciocino se pierde cuando el hombre se pliega ante lo todopoderoso y lo esotérico. Y cómo, ni siquiera en las peores circunstancias posibles (con zombis sedientos de sangre acechando en cada esquina), estamos a salvo de los cultos y las sectas.
Es a través de este enfoque desde donde 28 Años Después: El Templo de los Huesos nos habla y nos pone ante el espejo de la naturaleza humana en su estado más desquiciado posible. El escenario es inmejorable y cada metáfora es más abiertamente ácida que la anterior. El humor negro con el que juega la película la convierte en un cóctel explosivo que va más allá de una simple aventura de supervivencia zombi.

La historia zombi más cursi
Pero no es la única reflexión que tiene 28 Años Después: El Templo de los Huesos. La cinta, por medio de la historia del Dr. Kelson y Sansón, indaga en la soledad y el aislamiento. Y, sobre todo, en cómo nos afecta a todos, incluso a los que sí saben estar solos y valerse por sí mismos. La falta de amigos es lo que lleva al doctor, una mente puramente científica y alejada, a priori, de sentimentalismos, a estudiar al infectado más peligroso y letal para tratar de establecer vínculos con él.
Esta segunda historia de 28 Años Después: El Templo de los Huesos, aunque acaba confluyendo con la primera, es paradójicamente mucho más humana, o sensible, que la de Spike y Jimmy Crystal. A pesar de su aspecto crítico mordaz, Garland también infecta su guion de cierta esperanza. Y es ese juego de contraste entre los personajes de uno y otro lado lo que eleva aún más el proyecto.

Un disfrute gore
A pesar de todo el subtexto, los fans más puristas de la saga pueden estar tranquilos. 28 Años Después: El Templo de los Huesos prometía un espectáculo visceral y violento. Y eso también lo tiene. Aunque su interior guarde tantas capas, el exterior es un divertimento extraordinario, una película de terror fabulosa y salvaje que funciona como un tiro. Tensión, suspense, mucha sangre, zombis, persecuciones, desmembramientos, torturas, asesinatos, rituales satánicos…
Nia DaCosta se lo ha pasado en grande dirigiendo el filme y eso se nota. El ritmo que imprime la cineasta es muy dinámico, haciendo que sea imposible aburrirse en ningún momento. Ya desde el primer momento, desde las primeras secuencias de 28 Años Después: El Templo de los Huesos, queda claro que no ha tenido ningún problema en saltar al barro y gustarse con el lado más gore, violento y macabro posible de este universo zombi.

Con todo ello, 28 Años Después: El Templo de los Huesos triunfa con creces en su cometido. Lejos de mostrar signos de agotamiento con la segunda entrega en un lapso de un año, la saga está más viva que nunca. Nia DaCosta se entrega de lleno a un ejercicio de cine de terror tremendamente vibrante y eléctrico, plagado de violencia física y psicológica a partes iguales. Además, el guion de Alex Garland hace que la cinta transite determinados temas con una garra muy afilada y precisa. En resumen, es una secuela maravillosa.

